Igual desigualdad

Publicaciones recientes de organismos internacionales y nacionales e instituciones ciudadanas indican la creciente desigualdad en el mundo, en todas las regiones y continentes. El dato más duro es el fuerte incremento del distanciamiento entre el segmento de la población con mayores ingresos y con las fortunas más cuantiosas y el segmento de menores o casi ningún ingreso y desde luego sin otra fortuna que su prole. Se puede visualizar con claridad si se cuenta cuántas veces más grande es el ingreso del segmento más rico comparado con el ingreso del segmento más pobre. El dato es brutal: Mientras las personas del grupo de menor ingreso ganan un peso, las personas con mayores ingresos ganan 35,000 pesos. Es decir, si usted gana los sesenta pesos de salario mínimo en México, que por cierto no es el peor ingreso diario en el mundo, el otro gana dos millones cien mil pesos. A usted le tomará trabajar poco más de 95 años conseguir esa cifra. Por eso, en la frialdad de los números la riqueza en el mundo se concentra en muy pocas manos y a una velocidad nunca antes vista y, no puede ser de otro modo, la pobreza acompaña a cada vez más personas, miles de millones, como nunca antes en la historia del mundo. La esperanza flaquea.

¿Qué hacer ante esa situación? ¿Más cruzadas contra el hambre? ¿Más millones de los multimillonarios donados para ayudas humanitarias? ¿Más empleo? ¿Micro-crédito? ¿Ayudas locales a grupos locales? ¿Mejores salarios? ¿Cultivos de alimentos con semillas genéticamente modificadas para producir más cosecha, a menor costo? ¿Educación rápida y práctica? ¿Mayores impuestos a la riqueza? ¿Todo junto? Todo lo anterior ha sido probado y de hecho se realiza en estos momentos y desde hace años, en alguna forma. Y no, no ha limitado el crecimiento de la pobreza y la velocidad del enriquecimiento de las élites económicas. 

Una desigualdad económica y social menos fuerte que la hoy vigente, en México produjo el levantamiento campesino del cual surgió lo que hoy conocemos y festejamos como la Revolución Mexicana. Podemos disputar porqué cien años después el país y sus pobladores estamos más desiguales. No podemos disputar, sino construir juntos las soluciones a este fracaso, reales y factibles sin nostalgias o remembranzas, con creatividad para usar el acervo de significados y valores apropiado por nuestra sociedad.