Gobierno ineficaz, sociedad exigente

Tres ideas le dan sentido a la comunicación de renuncia de quien fuera gobernador, Ángel Aguirre. Intervención federal, tragedia y prioridad. En apretada síntesis renuncia por la fuerte intervención del gobierno federal por los sucesos de Iguala, en medio de la tragedia por la desaparición de los 43 normalistas y porque la prioridad debe ser encontrar a los desaparecidos y castigar a los responsables de ese crimen, y no la discusión de si el gobernador debe o no quedarse en su puesto. Al renunciar no reconoce la incapacidad de su gobierno para atender y resolver las prioridades que él mismo señala. Un acto más de una obra cuyo final aun se ve lejos.

Estos sucesos, incluidos los intentos de explicación ofrecidos por diversas autoridades, evidencian omisiones gubernamentales en el aparato de protección a los ciudadanos. Los principios, el diseño, la organización y la ejecución de las acciones de protección ante posibles atentados a la seguridad de personas y sus bienes, las de investigación de los sucesos y la persecución de posibles responsables no parecen funcionar con eficiencia a la hora de los sucesos en Iguala y de otros consecuencia de éstos, sea por protestas violentas, sea por inacción ante nuevas violaciones a la ley.

La sociedad no requiere explicaciones técnicas sofisticadas acerca de la organización y actuación policiaca. Con los resultados es suficiente. No lograrlos o lograrlos a medias sólo incrementa la desconfianza ciudadana en el aparato gubernamental. Por ejemplo, aducir el reducido salario de los policías municipales para justificar su actuación ilegal, quizá porque el crimen organizado les paga para hacerlo así, es una explicación horrorosa, pues implica la admisión rampante de que el gobierno pone las condiciones para tener policías que no operan como tales. O, peor, de un proceder a sabiendas, para tener funcionarios y operarios prestos al capricho caciquil. Así imposible quejarse de la existencia de autodefensas.

Por el lado de la sociedad, la sorpresa se torna en coraje y éste en indignación. Llegó a la movilización. Indica una sociedad incrédula, desconfiada y a la vez exigente, presta a hacer saber su distancia y rechazo al gobierno. Los próximos días dirán si se producen otros pasos hacia mayor organización, por ejemplo, para castigar al gobierno que falla, en las urnas ya próximas.