¿Farsa, tragedia o ambas?

Un gobierno de cualquier índole ha de enfrentarse a la tarea de hacerse creíble, útil y valioso ante los gobernados. Es una tarea tácita y a la vez no es obvia. No está establecida en disposición legal alguna y en los hechos muchos gobiernos prefieren ejercer el poder sin buscar la satisfacción de los gobernados, y resulta impositivo.

En las democracias el gobierno es electo mediante elección universal, libre y secreta de los gobernados. No basta para ser demócrata. El gobernante ha de demostrar con hechos tangibles su talento para tomar decisiones acertadas, aceptables y eficaces. Ha de lograr la confianza ciudadana en su poder para enfrentar dificultades, adversidades, mantener orden y seguridad, y administrar justicia eficaz en los conflictos. Si sucede así, los ciudadanos estaremos satisfechos. Si no sucede, el gobierno actuará basado en su autoridad, impondrá sus dictados y tendremos un gobierno autoritario del cual sólo estarán satisfechos quienes se benefician del autoritarismo.

Hace casi dos siglos, en 1822 James Madison, ex presidente de los Estados Unidos escribió: “Un gobierno popular en un pueblo sin información, o sin los medios para adquirirla, no es sino el prólogo de una farsa o una tragedia o, tal vez, de ambas. El conocimiento gobernará siempre sobre la ignorancia, y un pueblo que quiere gobernarse a sí mismo debe armarse con el poder que el conocimiento confiere.” ¿Estamos en conocimiento de la información cierta de las decisiones del gobierno? ¿En especial de los hechos causantes de inquietud, por ejemplo: Las masacres de ciudadanos, los asesinatos de periodistas, las desapariciones forzadas, la devaluación de la moneda, los actos de corrupción con dinero o recursos públicos? ¿Estamos en el reinicio de otra era autoritaria en México? ¿Qué sigue: Farsa, tragedia o ambas?

El corazón de la democracia es la participación eficaz y activa del pueblo en las decisiones del gobierno. Hemos confundido esa participación con “comités, consejos y mesas ciudadanas” para cualquier cosa. La participación comienza con la rendición de cuentas: Gobernante, explica porqué decidiste así gastar nuestro dinero, cuáles bienes públicos has incrementado, por qué retrasas decisiones importantes, etc. Sin tal rendición de cuentas genuina, el ciudadano queda fuera del gobierno, condenado a pedir sin solución o satisfacción.