Elecciones o no

Elegir al gobernante es un derecho arrancado al poderoso y entregado al ciudadano. Elegir al gobernante para entregarle el poder, que reside en el pueblo,  para ejercerlo a favor del pueblo elector es la hipótesis central con la cual se significa la elección democrática y se hace creíble que quien asuma el poder lo usará para ese fin: mejorar la condición de vida de todos los ciudadanos, incluso de quienes no votaron por la persona elegida.

Estamos frente a una nueva elección en medio de un ambiente turbulento. En este ambiente los actos preparatorios y de organización de la elección se vuelven insípidos, por calificarlos con una metáfora simple. Y por tanto insignificantes. ¿Qué más le da al pueblo la renuncia de los gobernantes elegidos hace tres años? ¿Importa que dejen inconcluso el mandato otorgado entonces? Para nada. Ya es un hábito. La falta de respeto explícita de esa práctica la toleramos con una paciencia digna del santo Job. O mejor con una subida de hombros propia del “a mí qué”.

¿Nos importa la contaminación auditiva, visual y conceptual producida por el maratón de propaganda de los partidos y los candidatos, mezclada con la de autoridades y aun del gobierno? Nada. Por todos los sectores, excepto partidos políticos y algunos gobernantes, se ha señalado y mostrado la perversión implícita en esa propaganda. Ha sido desoído y hasta despreciado el señalamiento. ¿Y así se espera impulsar la democracia? Equivale a pedirle a alguien “no le pegues a nadie” mientras se le propina una paliza. Ni siquiera la baja de la economía asusta al gobierno de gastar miles de millones en elecciones casi increíbles.

Diversos grupos levantan la voz para pedir abstención o voto nulo para protestar. Otros de plano quieren suspender la elección por la falta de garantías del Estado. Otros más muestran cómo abstenerse, nulificar el voto o suspender la elección contribuye directa y fuertemente a consolidar al partido gobernante en gran parte del país; y llaman a votar por cierta oposición. Otros más razonables quizá piden “elaborar una nueva Constitución mexicana” que corrija de raíz todos los males actuales, sobre todo la “partidocracia”, y proponen que si hoy nos empeñamos en elegir un Congreso constituyente en tres años tendremos una “verdadera y legítima” elección presidencial. Turbulento panorama: ¿Elecciones sí o no?