Dirección de la sociedad

Tiempo atrás hubo la ilusión, el deseo y la acción social orientada por el supuesto de lo indispensable del gobierno para conseguir una sociedad ordenada y dirigida hacia un fin o futuro aceptable por todos y basado en lo común de los bienes. Los gobiernos reales surgidos de esa acción social mostraron lo posible de lograr aquel deseo. Los pueblos aceptaron algunos males en espera de la mejora de los gobiernos, algunos francamente desastrosos, con tal de conseguir más adelante los beneficios esperados.

Con lentitud y seguridad creció la evidencia de lo falaz de dicho sueño. Con mayor frecuencia los gobiernos, incluso los surgidos de la voluntad popular mayoritaria, mostraban incapacidad de dirigir la sociedad al fin deseado. Creció la crisis de gobernabilidad. La sociedad tomó conciencia de la ineficacia del gobierno, hija de un distanciamiento entre la orientación de las decisiones del gobierno y los fines deseados por la sociedad.

¿Cómo evitar una sociedad sin dirección con gobiernos dependientes, menos autónomos, menos soberanos, rebasados por corporaciones nacionales e internacionales? ¿Acaso gobiernos “más” democráticos? ¿Con ciudadanización de decisiones claves de gobierno? ¿Dando la espalda a la globalización, la interdependencia económica y regresando a la y las comunidades? ¿Acaso se trata de aceptar y proteger un mosaico de decisiones de las diferentes sociedades y reunirse sólo para preservar todos, los diferentes, intentos y gobiernos resultantes?

Un muy distinguido intelectual mexicano Luis F. Aguilar Villanueva enfrentó desde el trabajo basado en el conocimiento, estas y otras interrogantes en un indispensable y sólido libro: Gobernanza y gestión pública publicado por el Fondo de Cultura Económica en un lejano 2006. Transcribo aquí el concepto de gobernación/gobernanza que propone: “El proceso mediante el cual los actores de una sociedad deciden sus objetivos de convivencia – fundamentales y coyunturales – y las formas de coordinarse para realizarlos: su sentido de dirección y su capacidad de dirección. El concepto implica dos dimensiones fundamentales de la vida humana en sociedad: la intencionalidad social y la capacidad social de transformar los propósitos en realidades”.

Gobernémonos. Con Trump, con Peña Nieto o no, la tarea para hoy ahí está. ¿La enfrentamos o pedimos a “papá” que nos la haga?