Desolación magisterial

El gremio magisterial está desilusionado, sentido, golpeado y quizá desanimado. Una afirmación cada día más frecuente en las conversaciones con personas del gremio y quienes siguen de cerca los movimientos y expresiones de las muy diversas entidades en las que se agrupan maestros. Los medios de comunicación social resaltan la protesta de un sector magisterial contra la reforma educativa y en concreto contra la evaluación del personal docente y directivo. Es la manifestación más estridente y no expresa el descontento más profundo de los maestros. En mis palabras ese descontento nace de un cierto mensaje, generalizado, en el cual se acusa a “los maestros” de ser los culpables de las deficiencias y “fracaso” de la educación mexicana. En sí fue y sigue siendo un mensaje injusto y equivocado.

Injusto porque si hay deficiencias que afectan la “calidad” de la educación, están en todo el sistema educativo y si se mira con cuidado, en toda “la casa común”; la mexicana, la latinoamericana y la mundial. Achacar todos los males a los maestros es una súper-simplificación falaz: “El maestro es quien enseña a los niños y jóvenes; si los alumnos no aprenden, es culpa de un ‘mal’ maestro”. Toda – sin eufemismos – la investigación educativa disponible hoy indica la influencia de al menos cuarenta factores en la llamada “calidad” de los resultados educativos. Sí, uno es el maestro. Y a los otros ¿quién los vigila, evalúa, mide y procura?

Equivocado porque no se corresponde con la realidad. Veamos. Una persona llega a tener el título de licenciado en educación después de dos años de pre escolar, seis de primaria, tres de secundaria, tres de preparatoria y cuatro de Normal o equivalente. 18 en total. Y al solicitar plaza le hacen un examen y lo reprueba. ¿Quién tuvo la “culpa”? ¿No bastaron todos esos años para darse cuenta que esa persona requería más y mejor esfuerzo personal o más y mejores condiciones para prepararse y ser “idóneo”? ¿Los aprendizajes de un/una joven normalista no son congruentes con las cuestiones a resolver en su examen por plaza? Lo menos que podemos afirmar no es “qué malos maestros formamos”, sino “cómo gastamos 18 años de tantas personas, y los costos educativos, para casi nada”. Y nadie se dio cuenta. Tiene que venir la OCDE y restregarlo en nuestra cara. El desánimo está justificado. No la estridencia.