Derecho a la ciudad

Vivir la ciudad, vivir Guadalajara puede ser una bendición o puede ser un sufrimiento. Lo más común es vivir ambas situaciones de manera cotidiana. Las ciudades en general son conglomerados humanos iniciados y sostenidos por multitud de razones, las cuales comunican a sus habitantes un cierto ánimo de pertenencia y de cariño por el terruño, quizá no por toda la ciudad un tanto anónima, y si por ciertos barrios, lugares emblemáticos o por costumbres asociadas a lugares o a estaciones del año. El crecimiento de la ciudad a veces obliga a la desaparición de algunas costumbres o lugares ligados a comportamientos colectivos afamados. Recordemos, por ejemplo, el parque Agua Azul y la función urbana que tuvo, hoy desaparecida. Y aunque ahí siga el parque y tenga otras funciones también con su propio carácter ya no es emblemático.

Ese mismo crecimiento también provee de oportunidades y posibilidades de una nueva cotidianeidad creada por las nuevas conductas necesarias para vivir todos los días en la ciudad crecida. Si hoy un joven tiene que utilizar dos o más horas de su tiempo en el transporte público para asistir a la escuela, ese joven tendrá esa costumbre y la aceptará porque “así es aquí”. Será necesario hacer un largo proceso de análisis y reflexión con él a fin de ayudarle a ver “que no es obligatorio o natural que sea así”, pues son condiciones producidas por personas, grupos, autoridades y decisiones, y puede darse otro modo “mejor”. No con un auto y sí con menos horas en el “camión”.

Caer en cuenta que las costumbres aceptadas no son obligatorias y naturales a una “gran ciudad” es apropiarse del derecho a la ciudad: La ciudad sí puede disponer de condiciones para propiciar un mejor modo de vida cotidiana para todos. Una ciudad más grande es una oportunidad de hacer nuestro el derecho a la ciudad, a esa en la cual vivimos todos los días.

Sin habitantes capaces de ejercer y exigir lo propio del derecho a la ciudad, la planeación, así sea metropolitana e institucional, no será un factor para crear nuevas condiciones para vivir en Guadalajara. Quizá esa sea la tarea primordial que legitime al nuevo ente oficial de planeación: Conseguir que todo habitante conozca y haga suyo el derecho a transformar Guadalajara en un mejor lugar para vivir. Con ese cimiento, ahora sí, se puede planear con alguna esperanza de éxito.