Confianza o control

Para los maestros y maestras

 

Múltiples fisuras y rupturas de los vínculos, identidades y acuerdos sociales en la escuela, la familia, la política y la comunidad son raíces de las violencias. En tales espacios podemos reconocer rupturas concretas y cómo engendran violencias. Ahí mismo podemos comenzar a rehacer lo roto y hacer posible, al menos en parte, una vida social menos violenta. Desde luego, no bastará esa reparación para ser una nación en paz.

Este mensaje nos comunican los autores de un magnífico estudio en el cual se buscan las raíces de la violencia con la cual vivimos nuestro día a día. Se trata de “Reconstrucción del tejido social: Una apuesta por la paz” publicado bajo la coordinación de Gabriel Mendoza y Jorge Atilano, de la Compañía de Jesús, quienes se dieron a la tarea de revisar, en colaboración con otras once personas, la situación de catorce barrios críticos en diez entidades de la república. Dan cuenta de cómo en tales barrios se han generado inicios de disminución de las violencias al ritmo de la reconstrucción de lo que estaba roto.

Es clave que las personas de los barrios sean capaces de reconocer la situación que viven, identificar el centro del conflicto y en comunidad encontrar las acciones a desarrollar. Por ejemplo, la escuela. Maestros, estudiantes, padres, y madres han de revisar cómo las rupturas sociales, irrumpen en el ámbito escolar. Cómo es ineficiente el control punitivo y sólo mandar a la calle a los violentos.

La escuela en su sentido histórico es un lugar para convivir en confianza. La era industrial la convirtió en un lugar para la competencia y por tanto generó individualismo y pragmatismo, lo cual valida a la fuerza como argumento de primacía de unos sobre otros. Disminuido el industrialismo nos quedamos con una escuela pragmática donde la confianza es moneda muy escasa y el control, incluso punitivo, es cotidiano. La escuela y sus habitantes, están rotos por dentro.

Los autores nos dicen que una escuela para el buen vivir es posible. Si se retoma el sentido profundo del aprender el cual implica un aprendiz confiado del profesor, además de aprender, será posible construir vínculos con compañeros y maestros. La confianza facilitará reconstruir una identidad común. Y con ésta los acuerdos para enseñar – trabajar – aprender – convivir serán un paso para interactuar en paz.