Confianza y colaboración

Eduard Punset, catalán, prolífico autor de libros de divulgación científica, se pregunta en su libro Viaje al optimismo, el cual no es de autoayuda a pesar del mercadológico título, la siguiente cuestión: ¿Por qué nos gusta lo que nos gusta?  Y responde: “La respuesta es sencilla, aunque inesperada. Nos apetece todo lo que nos da seguridad, esto es, las personas y cosas en las que podemos confiar, en las que podemos diluir nuestra capacidad de empatizar con ellas”. Confiamos en pararnos en la esquina como método de hacer llegar al autobús, el cual, confiamos, nos transportará al lugar al cual vamos. Confiamos en volver a encontrar lo dejado atrás cuando nos vamos: La vivienda y las personas a quienes ahí dejamos estarán. Confiamos en el botón de encendido de los aparatos eléctricos: Pulsamos y se enciende televisión, radio, licuadora y otros indispensables en la casa. Confiamos en la calidad de la fruta y los víveres que compramos en un mercado. Confiamos en la buena hechura de los platillos pedidos al mesero en un restaurante. “Por paradójico que parezca, –dice Punset – la confianza en el valor de nuestra moneda, en la seguridad de nuestras ciudades, en las instituciones que nos gobiernan, son el fundamento de nuestro equilibrio. Cuando la confianza en esos soportes se resquebraja, se desploma nuestra capacidad para confiar en el resto y, por tanto, para crecer”. No confiamos en la educación y controlamos la admisión a la universidad con exámenes, con los cuales se quedan fuera miles de jóvenes, certificados, por cierto. No confiamos en el voto de los ciudadanos y lo controlamos con leyes y reglas, credenciales, listas y listas, actas, conteos y reconteos, con vigilantes y vigilantes de los vigilantes, y con todo, no  se genera confianza y se levanta la desconfianza masiva. No confiamos en los gobernantes y políticos al grado de que cualquier frase que digan, así sea “buenos días”, es sospechosa de una tranza o de una trampa. No confiamos en policía y jueces. La confianza se gana. No es gratis. Se pierde. Es frágil. La colaboración con otros es la mayor fuente de confianza. Colaborar con otros sin quienes no es posible realizar grandes proyectos colectivos. Realizar con otros proyectos complejos, por ejemplo levantar un país como el nuestro, puede restaurar la confianza en moneda, gobierno e instituciones.