Colomos, ¿tragedia o muestra?

Salvemos Colomos. Una demanda "viral" como se dice en lengua red de las coincidencias de muchos, más allá de cierto número grande. Cincuenta años tarde y al mismo tiempo más vale tarde que nunca. El emblemático parque ha sido "troceado" al mejor postor durante años, al ritmo de la expansión de la mancha urbana de la zona metropolitana, y por ende de la demanda de terreno barato para urbanizar, modismo usado para describir la conversión del campo en asfalto.

Los ojos urbanizadores ven ganancias en toda extensión de terreno llano, arbolado y con dueño dispuesto a recuperar en grande la breve inversión hecha años atrás. El modelo, funcional en el mercado de tierra, no es aplicable a la tierra común cuyo dueño es el gobierno en tanto representante de los habitantes del lugar. La tragedia está en la costumbre de muchos gobernantes de tomar decisiones en esta materia, casi siempre, a espaldas de los representados, cuyo punto de vista ha sido mayoritariamente contrario, aunque silencioso o silenciado. Ahora, la opinión mayoritaria es una vez más contraria al saqueo de la tierra común. Sobre todo por el propósito. Perder tierra disfrutable por todos para ganar más cemento y vidrio, ilustrado con profusos signos de pesos o dólares es, al menos, incrementar la desigualdad.

La muestra, con casi todo en contra, la ha puesto el ayuntamiento de Guadalajara, dueño del parque, al rechazar la decisión, poco razonable, de una autoridad judicial de autorizar el acostumbrado intercambio de tierra por cemento, basada en un interpretación laxa y literal, y no con racionalidad jurídica, de la "acción afirmativa" que pende sobre la pereza de la burocracia municipal. La acción afirmativa pone límite al proceso de estudio y decisión de la autoridad frente a la solicitud de un particular para obtener un permiso de urbanización. Cumplido el plazo sin decisión municipal, el particular puede acudir al Tribunal Administrativo y pedir apoyo a la solicitud. Lo laxo e irracional está en que el TAE ha optado por fijarse en la letra que fija plazo y no en el siguiente párrafo sobre la obligación de requisitos cumplidos. Ahí se gesta la tragedia. Y la oportunidad para que la autoridad municipal ponga la muestra eficaz de cómo se protegen los intereses comunes. Salvemos Colomos.