Ciudad de ciudades

Primavera en pleno engalana la ciudad, al menos en los lugares donde la depredación urbanística no ha derribado jacarandas, primaveras, rosales, buganvilias, geranios, plumbagos, fresnos, rosa morada, tabachines y demás colores de la naturaleza alguna una vez reina en esta ciudad preñada de ciudades. Ciudad, ciudades con agua, aire, luz y color abundantes hoy escasas a fuerza de uso sin concierto, sin largo plazo y con un imaginario apocalíptico: “aquí, nunca se acabarán”.

Ciudad y ciudades territorio de disputa política en la cual lo entrañable se confunde con la pelea por el poder. Extraña el vigor de la lucha entre partidarios de las diversas formaciones políticas interesados en los municipios. Éste, el último escalón de la arquitectura del gobierno de la sociedad mexicana, concebido una vez para ser cimiento hoy es casi el cascajo de una edificación moribunda entre los estertores federalistas, la depredación capitalista y la vendimia al extranjero de piezas claves de tal edificio. Si se aduce un “Estado mexicano casi fallido” es imperativo, antes de conclusiones, revisar a fondo los detalles del edificio gubernamental, pues los que alguna vez fueron los alarifes y diseñadores decidieron soluciones hoy inservibles en esta nueva, inesperada y perpleja sociedad.

El municipio ha sido sometido a examen tenaz, permanente y profundo. Por ilustres políticos, por ejemplo Efraín González Luna y Raúl Olmedo. Por una pléyade de científicos sociales, pensadores, ingenieros y hasta juglares habitantes de la noche y los entresijos citadinos, como el recordado Firulais, hoy reencarnado en payasos peleoneros. Las conclusiones de ese análisis se sintetizan en una: El municipio mexicano hoy es inviable. ¿Por qué pelear por encabezar el poder municipal? Planteada la pregunta a diversos aspirantes, las razones son tan variadas como las personas interrogadas. La más plausible considera, con buena esperanza, realizar una tarea que rompa la inercia en la cual está atrapada esta estructura política del gobierno mexicano: Mejorar la relación con los vecinos, hacer un gobierno decente, mejorar el gasto público mediante la participación ciudadana, mejorar los servicios públicos… son algunas de esas esperanzas. Es decir, no aceptan la docta y casi universal declaración de inviabilidad municipal. La ciudad de ciudades seguirá esperando.