"Charlie" perdió a sus ángeles

Cruel hasta el extremo. Fanáticos con ningún respeto a la vida, a la vida libre, destrozaron a los ángeles de Charlie Hebdo. Los criminales perdieron: El semanario seguirá vivo, tiene más ángeles y honrará la libertad de pensamiento, de expresión y de morir por defenderlas y practicarlas.

El fanático está convencido de su creencia al grado de justificar la supresión o anulación de toda otra creencia o pensamiento diverso. Justifica también suprimir a quien manifieste esa otra creencia y a quién, según su credo, agreda o desobedezca las disposiciones de su creencia. Para un fanático es legítimo actuar en la defensa de valores que él cree son más elevados que los violados con su acción, no obstante que esos sean considerados un crimen por la moral y el derecho de muchas sociedades y culturas. La vida del infiel, aquel quien no cree lo creído por el fanático, le vale nada a éste. Vale menos que vengar a su dios.

Con el fanático, y el fanatismo fundamentalista, no hay posibilidades de diálogo pues la fuerza del proceso socio-psicológico que sufre al exponerse a interpretar el mundo, y a sí mismo, mediante una creencia excluyente de todo lo demás, es tan poderoso que deslegitima todo lo demás. Y cuando se trata de actuar en defensa de sus valores estará justificado a cometer cualquier acto no obstante que otras creencias lo consideren crimen. En el caso Charlie y otros semejantes la víctima, el infiel, ha sido deshumanizada: “No merece ser humano, si obra contra lo que yo creo sagrado”. El victimario, el fanático, nunca aceptará su responsabilidad: Su dios lo ordeno y él obedeció. No hay culpa posible: la ley de los infieles no lo alcanza. El fanático morirá antes que dialogar o pedir tregua. Así fue en París.

Charlie y sus ángeles sacrificados nos produce una consternación tal que nos anonada: ¿Es posible pensar siquiera en un ser humano capaz de cometer tales crímenes con la frialdad mostrada? Sí. La razón, la moral, la mente, la creencia… tienen límites, tienen excesos. Y no están lejos, por cierto: Fosas clandestinas, desaparecidos, asesinados por quítame estas pajas, reclamos cada día más airados y violentos, extorsión, robo, justicia personal, mentira y “yo no fui” repueblan el mapa mexicano cada día. Vivir en medio del crimen no nos hace criminales pero nos induce a aceptarlo como natural. Charlie nos interpela.