Cambios en la cáscara

Si se mira de manera optimista el afán reformador del gobierno mexicano se puede estar de acuerdo con la hipótesis de “mover al país” para resolver la economía “atorada”. Es cierto el atraso en normas acordes con el contexto actual en los ámbitos estratégicos para el desarrollo del país. Las elecciones de gobernantes ya no se pueden controlar por la autoridad, pues los partidos han pervertido los principios de la democracia. La energía es insuficiente para la producción, para la vida cotidiana de ciudades y ciudadanos, y para la operación de los dispositivos proveedores de servicios. Está a punto de llegar a un costo impagable. El espectro radioeléctrico está fuera de control del gobierno, en manos privadas, y por tanto no puede aportar al desarrollo nacional. La relación entre ingresos y egresos gubernamentales es tan baja que cumplir las obligaciones sociales y de seguridad del gobierno para con la población es casi imposible. La alimentación y la educación se ofrecen con muy baja calidad si entendemos por calidad la capacidad de las personas para alimentarse y educarse lo suficiente para ser su propio sostén, el de su familia y su país.

El gobierno, y con éste muchos analistas, está convencido de la necesidad del cambio en el diseño constitucional y el consecuente cambio en las disposiciones legales básicas del funcionamiento del país para corregir las causas de los “atorones”. Y así ha actuado: “Inundó” al poder legislativo de propuestas de cambio, a partir de conseguir la anuencia y participación de la oposición en el diseño de los propósitos a lograr con los cambios propuestos.

Sin embargo, a la hora de los detalles y de los cambios de “verdad” parece que los poderes formales y fácticos han llegado a su límite en la capacidad de acuerdo acerca de qué debe cambiar y qué no se debe tocar. La apuesta está en el borde del fracaso. Por ejemplo, los gobernadores no quieren ceder el control de las elecciones locales. El sindicato magisterial ceder sus conquistas “históricas”. Los concesionarios del espectro radioeléctrico sus prebendas. Los partidos su pedazo de poder. Y así, cada grupo poderoso. ¿Se puede cambiar un país así? No.

El cambio requerido sí implica mover al país. Para empezar los supuestos de la economía pues hambre, pobreza y desigualdad crecen sin control. De otro modo nos quedamos en la cáscara.