Atrapados, ¿quiénes?

Dijo el Presidente “No nos quedemos atrapados”. Bien. Y, ¿quiénes estamos atrapados? El discurso presidencial parece dirigido a quienes insisten en esclarecer de manera cabal la tragedia de Ayotzinapa a pesar de las conclusiones legales de la Procuraduría General de la República. Los padres de los desaparecidos y el numeroso grupo de organizaciones y personas que los acompañan no están atrapados. Están en movimiento. Quieren ver “vivos o muertos” a sus hijos tal como cualquier persona humana está en su derecho de desearlo, y si las autoridades no lo pueden hacer, de buscarlo por ellos mismos. Podemos observar arrojo, enojo, impaciencia, esperanza, resistencia, coraje y más. No parálisis.

Por el contario. A quienes observamos atrapados son a gobernantes, a políticos y a partidos. Si una metáfora los pudiera describir esta sería la de “parecen moscas en la telaraña”. La pretendida “verdad” histórica no es justicia. Y la tarea del gobierno es hacer justicia, no historia. ¿Por qué recordamos el asesinato de Luis Donaldo Colosio y la abrupta aparición de Aburto para confesar? ¿Por qué la muerte del Cardenal Posadas y seis personas; y el “nintendo” del procurador Carpizo? ¿Por qué al procurador Chapa y la vidente que “encontró” una calavera, de quien hasta hoy sigue desaparecido? ¿Por qué la fuga de célebre delincuente del penal de Puente Grande, sin culpables hasta la fecha? Imposible escribir aquí la lista de “historias” no creídas.

Los ciudadanos sí están en movimiento. Cada día más organizaciones civiles nuevas o ya establecidas buscan por ellas mismas lo que esperaban del gobierno y de los políticos. Se dieron cuenta de que o le buscan por su propia iniciativa o se quedarán sentados en la espera. Justicia, vivienda, salud transporte, educación y hasta un Constituyente Ciudadano son asuntos públicos intervenidos por los ciudadanos y sus organizaciones. No están atrapados.

No es cuestión de “quedar atrapados”. Tampoco de “creer o no” a la procuraduría de justicia. De que “siga la vida”. Sin gobernantes capaces de gobernar con cuidado y respeto de derechos, búsquedas, sentimientos y peticiones de los ciudadanos es muy difícil construir una gobernabilidad democrática aceptable. Menos desde una “telaraña” con ciegos a los desastrosos efectos para el país, la economía y el bienestar general de decisiones insostenibles.