¡Arrancan!

Faltan nueve meses. Es buen plazo para lanzarse a la conquista de las posiciones de elección popular que estarán en juego en los primeros días de junio 2015. No es legal. Ya lo recordó el Instituto Electoral de Jalisco. Sin embargo tiradores, padrinos, apadrinados, operadores y jilgueros están en acción.

De ahora en adelante todo suceso será pretexto para estar en las noticias, suscitar debates por insulsos que parezcan y hacer discusiones, la mayoría absurdas, que sean redituables en imagen y presencia. Las redes sociales se inundarán de mensajes, tuits y fotos.

También será campo fértil para “estudios” de los problemas de Jalisco, del país y hasta de la economía mundial. Desde luego se multiplicarán seminarios, congresos, coloquios y encuentros para figurar en medio de personajes o personeros a fin de crear y mantener una imagen de “yo sí sé” de los problemas, escucho y acepto propuestas. Los partidos, o los financieros de los partidos, tendrán necesidad de ingeniarse para costear todo eso sin que se note, pues las reglas de auditoría se pusieron más estrictas y las sanciones se elevaron hasta el nivel de nulificar elecciones si no se cumplen.

No todo será civilizado. La guerra entre cuarteles políticos será, curiosamente, “sin dar ni pedir cuartel”. Los ciudadanos de a pie, seremos casi espectadores, aunque al final, allá por junio, nos toque votar. Los ciudadanos organizados en “sectores” ya tienen preparadas sus peticiones a los tiradores para ver quién ofrece cumplirlas a cambio del voto, casi corporativo, que pese a todo subsiste y subsistirá. La hechura de la política electoral ha cambiado y se ha modernizado (hasta una fiesta sirve de pretexto) y conserva varias “malas artes”. Por ejemplo, los padrinos y los financieros ahí están listos para inclinar la balanza para uno o para otro. Un aspirante sin redes, sin padrinos y sin dinero no es un aspirante. Sólo un suspirante. ¿En dónde ha quedado el respaldo popular ya ganado por las obras previas de tales aspirantes? No cuenta. En el currículo moderno no pinta lo que cada quien ha producido, en los hechos, en el servicio público. No más ortodoxia.  Popularidad y aceptación se consiguen en la televisión.

Una postura inteligente del ciudadano es ver, sentado en la plaza pública, cómo corren y se desviven por el hueso, para bromear con finura y cruzar apuestas.