Año Nuevo, odres viejos

Contradictorio. Es el adjetivo que se me ocurre para calificar el año viejo y hacer un pronóstico para el Año Nuevo. Muchas reformas, discursos de renovación, tolerancia con límites, nuevas alianzas políticas y nuevos protagonismos, puede ser una brevísima lista de una parte de los contrarios vividos en el año 2013. La contraparte, brevísima, fue otra vez promesas incumplidas, carga fiscal sobre los contribuyentes cautivos, impunidad flagrante con conspicuos líderes sempiternos (excepto algún remiso) y con los responsables de la inseguridad cotidiana. Otra vez, desempleo e informalidad creciente.

Contradictorio es el calificativo que cualquier analista le puede poner al desarrollo mexicano. Grandes avances y graves simas coexisten en una continuidad exasperante. Cualquiera puede aplaudir la mayoría de las reformas y al tiempo exasperarse por las famosas leyes secundarias, en las cuales todo el espíritu renovador se difumina. Es sabido que las renovaciones o se hacen de tajo o siguen el camino lento de moverse con renovaciones aceptables por las mayorías poderosas. Así se afecta sólo una parte de la vieja estructura. La renovación no puede amenazar al poder. Este camino lento se presta a la contradicción.

Hasta ahora y desde que México es independiente los cambios han seguido el camino lento. Unos ejemplos ayudarán a recordar nuestras contradicciones mexicanas. Nuevas leyes, ahora sí para meter en cintura a omisos y remisos: ¡Ah! con excepciones en los detalles para no afectar a ciertos sectores o grupos. Nuevos programas para resolver la pobreza: ¡Ah! eficaces pero basados en mayor gasto burocrático que “chupa” el esfuerzo presupuestal y deja la pobreza en el mismo lugar o más abajo. Nuevas instituciones, ahora sí “órganos de Estado”, “constitucionales” y autónomos de la política partidaria o del compadrazgo: ¡Ah! claro, se olvido escribir en la ley el límite de la tal autonomía y ahora, antes de que se meta con los “duros” y ponga multas y haga denuncias, es necesario interpretar qué significa la tal autonomía, porque ¿qué eso que un organismo “cualquiera” pueda multar a los impolutos partidos, gobernadores, diputados y al resto de la fauna?

Leyes que no se cumplen. Programas tropezados. Empeños diluidos. Todo el tiempo el vino nuevo vaciado en odres viejos. Esperemos encontrar por ahí un odre nuevo en 2014.