LA CAUSA Y LO CAUSADO

La visita del papa

La visita del papa Francisco fue exitosa para la población católica mexicana, pero no para el gobierno federal y los gobiernos locales, urgidos de legitimarse, que intentaron sin éxito aprovecharse de su presencia en nuestro país.

Es indudable que la presencia del papa, sus recorridos en la Ciudad de México, Ecatepec, San Cristóbal de las Casas, Tuxtla Gutiérrez, Morelia y Ciudad Juárez, los mensajes que brindó en los diferentes actos y homilías —por cierto transmitidos de manera continua y permanente por el gobierno federal— fueron esperanzadores para la población católica (80 por ciento), por sus palabras de paz y sus reflexiones.

Por tanto, para la mayoría del pueblo mexicano la presencia del máximo líder de la Iglesia católica fue exitosa y emotiva. Un hecho que quedará en la memoria colectiva de varias generaciones.

Personalmente me siento satisfecho por la visita; respecto al círculo rojo, a la opinión crítica, esperaba más de los mensajes del papa Francisco. Habló de muchas cosas, por supuesto, la mayoría referencias a los preceptos católicos; llegó a matizar, a realizar críticas generales al comportamiento de los obispos, de la clase política, del fenómeno de la migración, de la desigualdad y de los pueblos indígenas. En particular, identifico que no realizó una sola mención a la tragedia de Iguala y de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

No esperaba que el papa dejara incubada una revolución. Esperaba que hubiera hecho referencias más concretas a la realidad nacional. Con una sola palabra hubiera dicho mucho y su visita hubiera adquirido un sentido mucho más relevante para la realidad que vive México. La palabra es condena. Si hubiera incluido esta palabra en sus mensajes, entonces el alcance de sus pronunciamientos hubiera adquirido otro sentido.

La visita del papa Francisco expuso lo que de la Iglesia siempre hemos conocido, se mostró tal cual es: la Iglesia para las élites y la religión para el pueblo.

Desde su recibimiento hasta su despedida, la clase política se desbordó, se desbordó la élite del Estado laico. Dio la impresión que los principales funcionarios públicos del gobierno federal y de los gobiernos locales estaban ávidos de notoriedad, de aparecer cerca del papa en sus anhelos de favorecer sus proyectos políticos o de compartir su popularidad. La verdad, lograron el efecto contrario por la frivolidad de su comportamiento.

Las actividades del papa tuvieron una gran producción y una amplia cobertura. El gobierno federal, a través de Cepropie, fue el encargado de cubrir las actividades que después se compartieron con los medios de información. Si bien los medios desplegaron una cobertura de acuerdo a sus posibilidades y recursos, la parte fundamental estuvo a cargo del gobierno con lo que demostraron sus intenciones de controlar mediáticamente esta visita.

Un elemento a destacar de esta visita fue el papel de las redes sociales. Teléfonos inteligentes, tabletas electrónicas, todo se utilizó para compartir en las redes las actividades del papa. De hecho, varios de los hechos de frivolidad o los excesos de la clase política y del mundo del espectáculo se conocieron por estas redes sociales.

¿Qué queda de la visita del papa? Un sentimiento de satisfacción en la mayoría del pueblo católico y una sensación de que la clase política está, desgraciadamente, dominada por el cinismo.

*Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República.

Twitter: @MBarbosaMX