LA CAUSA Y LO CAUSADO

El populismo mata la democracia

Es común que en la disputa política se atribuya al adversario todo lo malo e indeseable de la sociedad, mientras que uno asocia la posición propia con los valores más nobles, benéficos y buenos. Sin embargo, cuando éstas se llevan a posiciones extremas e irracionales adquieren características particulares, como es el populismo.

El populismo mata la democracia porque la vacía de contenidos y la convierte en demagogia. Varias definiciones coinciden en considerar al populismo como un discurso que evoca al pueblo para lograr y legitimar su poder; es decir, se dirige a las clases sociales bajas y desprotegidas en aspectos económicos, políticos, sociales y culturales para ganar adeptos y simpatías. Finca su estructura discursiva en las denuncias sistemáticas y constantes de los males personificadas en las clases sociales privilegiadas. Los dirigentes populistas se presentan ante la sociedad como los únicos y legítimos redentores de los pobres.

El término populismo se aplica en sentido peyorativo, porque se refiere a las decisiones políticas que pretenden ganar adeptos y votos con propuestas irrealizables sin importar las consecuencias.

El populismo es una estrategia para disputar el poder y la forma más efectiva de combatirlo son los hechos. Esta estrategia no funciona cuando las acciones trascienden la retórica.

El populismo mata a la democracia porque su único resultado consiste en la desigualdad y la confrontación. Los discursos populistas son el primer escalón para llegar al autoritarismo y, después, al fascismo.

El populismo puede provenir de cualquier posición del espectro ideológico. De esta manera, puede hablarse de un populismo de izquierda, de derecha o desde el propio gobierno.

Ante el populismo de izquierda debe construirse una versión democrática de esta tendencia, que defienda la igualdad, las libertades y los derechos; que conciba al ciudadano en el centro de la acción política.

Existe también un populismo de derecha. No son pocos los ejemplos de una mezcla de filantropía, dogma religioso y orden moral de la sociedad que considera como una herejía la crítica, la disidencia y la democracia. El mundo feliz y ordenado, al cual es tan afecto la derecha.

El populismo no es únicamente una estrategia que se hace desde la oposición. El discurso populista también proviene desde y para mantenerse en el poder.

Esto ocurre cuando las políticas públicas quieren “taparle el ojo al macho”; es decir, que de manera intencional, desde el gobierno se exacerban las acciones con el propósito de presentarse como el salvador del pueblo.

El populismo desde el gobierno ha sido uno de los principales problemas de México, porque fácilmente se convierte en el instrumento para mantenerse en el poder por medio del otorgamiento de dádivas a cambio de votos.

Esta forma de populismo adquiere formas como la Cruzada Nacional contra el Hambre, como se denominó a la principal política social del actual gobierno; después de casi tres años y de acuerdo con los resultados más recientes presentados por el Coneval, este programa fracasó estrepitosamente.

México no requiere de mesías, de elegidos o de propuestas que dividan o generen odios entre sectores sociales.

 

*Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República

 

Twitter: @MBarbosaMX