LA CAUSA Y LO CAUSADO

¿La muerte del TPP?

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que en el primer día de su mandato, 20 de enero de 2017, emitirá una 'nota de intención' para sustraer a su país del proceso de ratificación del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP). Esto significa en los hechos la muerte del TPP. Asimismo, ha declarado que va a revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) y que introducirá cambios para proteger los intereses estadunidenses; de no aceptar sus socios comerciales dichas modificaciones, Estados Unidos dejaría de ser parte del Tlcan.

¿Tiene un presidente de Estados Unidos la autoridad y las facultades constitucionales para retirar a su país de un acuerdo comercial? La respuesta es sí. Aunque en su nombre oficial tanto el TPP como el Tlcan llevan la palabra 'tratado', Estados Unidos los considera "acuerdos comerciales ejecutivos", porque no requieren ser ratificados por mayoría calificada de dos tercios en el Senado, sino únicamente por mayoría simple en ambas Cámaras. No tienen, por lo tanto, la categoría de tratados internacionales y por ello el Presidente puede retirar al gobierno de su país recurriendo a una notificación previa a las partes. En el caso del Tlcan, ésta es de 180 días. Basta con que Washington notifique a Ottawa y a Ciudad de México con seis meses de anticipación que ha decidido dejar de formar parte del Tlcan para que su retirada surta efecto. El TPP ni siquiera ha sido ratificado y menos ha entrado en vigor, por tanto, Estados Unidos no se "sale" del acuerdo, sino que técnicamente se retira del proceso de ratificación en curso.

La columna vertebral del TPP son sus aspectos de propiedad intelectual. Sus críticos se han enfocado en un par de disposiciones, las que fortalecen la posición monopólica de los grandes emporios farmacéuticos por encima de los productores de medicamentos genéricos de uso masivo, y la facultad de las grandes corporaciones para demandar a gobiernos nacionales electos.

Ante el triunfo de Donald Trump, el gobierno mexicano todavía sigue pensando que lo ratificarán las otras 11 partes, para supuestamente convertirse en abanderados del libre comercio frente a lo que ven como el proteccionismo trumpiano. Para que esto ocurriera, tendrían que modificar la cláusula de 85 por ciento del PIB, pero aun antes de discutir esta opción ya varios países se han desmarcado: el primer ministro japonés Shinzo Abe declaró que no tendría sentido un TPP sin Estados Unidos, Vietnam también se sustrajo del proceso de ratificación, Australia voltea a ver a China como líder de un acuerdo de Asia-Pacífico y Canadá ha dado señales de que volverá a concentrarse en su acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos suscrito en 1989. El TPP se hizo en torno a la capacidad económica de dos países: Estados Unidos y Japón, los cuales están fuera.

La opción para México no es defender un tratado agonizante, sino responder con inteligencia. Se trata de diversificar, de establecer una estrategia viable que busque ensanchar la Alianza del Pacífico, iniciativa de integración regional latinoamericana que incluye a Chile, Colombia, Perú y México, y que podría incluir a países que actualmente son observadores como Canadá, Costa Rica, Panamá y Ecuador, en la dorsal del Pacífico americano, así como a Japón, China, Corea, Tailandia, Singapur, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda, en la cuenca del Asia-Pacífico.

En cualquier caso, lo que resulta crucial para México es abandonar el paradigma de que los tratados comerciales son un fin en sí mismo. México es y debe seguir siendo una economía abierta al mundo, pero los intereses nacionales no pueden equipararse a los de un puñado de grandes compañías. Los tratados comerciales solo tienen sentido cuando benefician a los pueblos de los países suscriptores.

*Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República