LA CAUSA Y LO CAUSADO

Un constituyente extraviado

De acuerdo al Decreto Constitucional, el próximo 31 de enero de 2017 es la fecha límite para que la Constitución de Ciudad de México esté lista. El tiempo transcurre, iniciamos diciembre, el último mes de este intenso año, pero los trabajos para la elaboración de la Constitución permanecen estancados y la Asamblea Constituyente se encuentra extraviada en un mar de intereses y de cálculos políticos. A medio viaje. ¿Cuál es el destino de la Asamblea Constituyente? ¿Cuáles serán los ejes fundamentales de la Constitución de Ciudad de México, sede de los Poderes federales y epicentro de la vida política nacional?

Dos meses y medio transcurrieron en la discusión de formas y de procedimientos para un órgano que tendrá cinco meses y medio de vida. ¿Casualidad? No. Abiertamente el Grupo Parlamentario de Morena se ha dedicado a obstaculizar los trabajos en el Pleno y en las comisiones, recurriendo incluso a patéticas agresiones físicas. Su estrategia es oponerse sistemáticamente a cualquier propuesta. Tal vez los constituyentes de Morena supongan que con estas acciones afectan a los otros grupos parlamentarios, cuando en realidad lo único que logran es obstaculizar que la ciudadanía de la capital cuente con una mejor Carta Magna.

La Constitución de Ciudad de México debe ser aprobada por la mayoría calificada de dos tercios de los constituyentes presentes. Esto significa, por una parte, que se requieren amplios consensos para que una propuesta avance y de un tercio para impedir la inclusión de alguna propuesta en el texto constitucional. Ante esta circunstancia el PRI y el PAN han asumido una actitud de cálculo político, dejando en segundo plano las demandas de la ciudadanía.

El problema más notable en el proceso constituyente de Ciudad de México es la ausencia de la ciudadanía en la discusión. Es verdad que se recibieron miles de propuestas, que los constituyentes tendrán que procesar y discutir su incorporación al texto de la Constitución. Dichas propuestas son una muestra de la pluralidad que existe en la sociedad, pero lamentablemente, dada la tradición política de la Ciudad, la discusión de su Constitución no es un tema que esté presente en el ánimo de la ciudadanía. El debate no se ha instalado en la cotidianidad de la ciudad, como sí ha ocurrido con otros procesos. Me refiero a las aulas universitarias, a las pláticas en los círculos de amigos, a los grupos de colegas, a las reuniones familiares. Un aspecto que adquiere relevancia cuando se habla de la legitimidad de una Constitución.

Lo peor que podría pasarle a la sociedad y a la vida democrática de Ciudad de México es que al cuarto para las doce se aprobara una Constitución integrada al gusto de uno de los partidos políticos, o peor aún, que se venciera el plazo y que Ciudad de México careciera de Constitución. Estamos a tiempo de que las cosas cambien para bien. Los asambleístas constituyentes tienen la oportunidad y la responsabilidad de entregar a la ciudad una Constitución a la altura de su importancia y de su historia.

*Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República
Twitter: @MBarbosaMX