LA CAUSA Y LO CAUSADO

Elecciones del 5 de junio y el destino del PRD

El pasado 5 de junio la ciudadanía expresó sus preferencias políticas. La decisión de cambio y alternancia dominó el escenario. Las jornadas electorales estuvieron caracterizadas por el rebase de topes en los gastos de campaña, el uso y desvío de recursos públicos, la utilización de recursos privados de origen ilícito, la manipulación y presión a electores, la injerencia de gobiernos estatales, el despliegue de campañas negras y la utilización de encuestas con fines de desorientación.

En medio de este escenario de irregularidades, que por desgracia se ha convertido en la normalidad de la vida electoral, la oposición ganó gubernaturas que prefiguran un nuevo escenario para los partidos políticos rumbo a 2018.

Fuimos testigos de cómo, previo a las elecciones, se construyó un ambiente político contra el priismo que se tradujo en la voluntad de sacar del poder a este partido. La lectura de este análisis ubicaba a Andrés Manuel López Obrador como el beneficiario de este descontento popular y como el único candidato a vencer en 2018.

Después de las elecciones del 5 de junio nos encontramos con que no fue Andrés Manuel López Obrador, sino el PAN el beneficiario del voto popular, partido político aliado del actual gobierno en todas sus acciones y reformas.

El PRD participó con candidatos propios en siete estados y en cinco aliado al PAN, en tres de los cuales alcanzó la victoria. En los tres estados donde la alianza triunfó, el PRD contribuyó a derrotar al PRI, fueron elecciones tan cerradas que el porcentaje del PRD hizo la diferencia.

Lo que no se puede afirmar es que la opinión pública vea al PRD como parte de la victoria, lo real es que de manera indignante se espere un acto de generosidad política de parte del presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, para agradecer la contribución al PRD.

El año 2018 ya empezó. El PRI hoy tiene dos contendientes: Andrés Manuel López Obrador y el PAN. Andrés Manuel López Obrador no logró lo que esperaba. Baste recordar la noche del 7 de junio de 2015, cuando por haber ganado la Ciudad de México se presentó como el gran triunfador de la elección nacional. Ahora está cauteloso, nadie lo ve como triunfador de la jornada, ya no es el único candidato a vencer.

El PRD tiene que empezar a dilucidar su destino. Su futuro se define entre ser un partido político de oposición real que busque, luche y dispute el poder público a escala federal y en los estados, o el de un partido político funcional a otro, que solo forme parte de su estrategia y conserve su registro.

Cerrémosle la puerta a las visiones que solo ven al PRD como un partido bisagra o como fiel de la balanza rumbo a las elecciones de 2018. Ni parte de la estrategia del PRI para detener a Andrés Manuel López Obrador ni parte de la estrategia del PAN para regresar al poder. El PRD no puede convertirse en el Partido Verde del PAN.

Pongamos dentro del PRD toda nuestra capacidad de hacer política, conscientes de la difícil realidad que nos rodea. Resolvamos el tema del relevo de nuestra dirección nacional mediante acuerdo de todos, vayamos a la reconstrucción de nuestro partido, con base en un proyecto sustentado en la visión de una izquierda moderna y progresista, tengamos claro que solo si recuperamos la opinión favorable de la gente podremos alcanzar el poder público. En 2017 y 2018 debemos ir con candidatos propios y no esperar, desde ahora, ser incluidos en una estrategia ajena.

*Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República 

Twitter: @MBarbosaMX