LA CAUSA Y LO CAUSADO

Miguel Ángel Mancera y 2018

En el proceso electoral de 2018, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) debe competir con un candidato propio a la Presidencia de la República.

Todas las posiciones son respetables, pero dejemos a un lado las especulaciones sobre una alianza con el Partido Acción Nacional (PAN) para la Presidencia de la República en el próximo proceso electoral federal; en cambio, concentremos nuestros esfuerzos en la construcción de una candidatura propia.

Estoy convencido de que el PRD debe competir con un rostro propio, presentar a la sociedad una identidad política definida y una propuesta programática que correspondan a una izquierda progresista, incluyente y moderna.

Para nadie es un secreto la situación por la cual atraviesa el PRD. Independientemente de los resultados que obtenga en las elecciones del próximo 5 de junio, el partido deberá iniciar un profundo proceso de transformación que tenga como ejes un candidato presidencial propio y una plataforma que defienda dicho candidato.

No debemos renunciar a la idea de que el PRD nació como una fuerza política para disputar la nación, no para ser un partido marginal o testimonial.

En este momento, y con pleno reconocimiento a otros liderazgos del partido o de los sectores progresistas, Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, es la única opción para que el PRD compita de manera real en las elecciones de 2018.

Si Miguel Ángel Mancera no es candidato a la Presidencia por el PRD en las próximas elecciones, el partido estaría a la deriva. Si el actual jefe de Gobierno no es candidato del PRD en 2018, la Ciudad de México estaría perdida para el PRD.

A partir del 6 de junio de este año, un día después de las elecciones, Miguel Ángel Mancera deberá desplegar una estrategia y un plan de acción para posicionar su precandidatura a la Presidencia de la República dentro del PRD, en el marco de la izquierda y en la línea de las propuestas que establezcan los sectores progresistas de la sociedad.

Ya no más declaraciones de intención. Cuando hablo de una estrategia y un plan, estoy pensando en una definición política y en los hechos y acciones que sustentan esa definición. Nadie piensa en una precampaña que viole los tiempos electorales o transgreda otros procesos en marcha, sino acciones que coloquen al jefe de Gobierno como un candidato opositor y en la competencia real por la Presidencia de la República.

No debemos olvidar que el Gobierno de la Ciudad de México representa uno de los cargos de mayor responsabilidad e influencia en el país.

En política la administración del tiempo resulta fundamental para el éxito o fracaso de un proyecto. Teóricos como el español Juan Linz analizaron a detalle el factor tiempo en el proceso de cambio político. Los rasgos más notables de una estrategia se expresan en el rompimiento de inercias, la catalización de procesos, la neutralización de ataques y el tránsito de coyunturas.

Si no existe definición, de no iniciar con esta estrategia a partir del 6 de junio, de seguir postergando esta decisión, se perderá tiempo que otras fuerzas políticas y precandidatos aprovecharán en nuestra contra.

*Coordinador parlamentario del PRD en el Senado de la República

Twitter: @MBarbosaMX