En pocas palabras...

¿Y el transporte escolar gratuito, cuándo?

En una metrópoli como Monterrey, donde los problemas de movilidad son cada día más graves, las soluciones deben planearse a largo plazo. Por eso sorprende que todavía estén pensando la conveniencia de autorizar el transporte escolar gratuito.

En el Plan Sectorial del Transporte 2007-2030 se establece la frágil situación del Sistema del Transporte Urbano, donde las unidades colectivas apenas suman unas 5 mil, mientras que los vehículos particulares casi llegan a los dos millones.

El problema es que las calles, avenidas, puentes y semáforos resultan insuficientes.

En resumen: nuestras calles y avenidas de Monterrey están más saturadas, y no por las obras que se desarrollan sino porque nos hemos quedado rezagados en la construcción de avenidas y no hay acciones concretas para controlar el transporte público.

Esta semana que concluyó, el Gobierno del Estado a través de la Agencia del Transporte entabló una polémica con el municipio de Monterrey para implementar la gratuidad del transporte escolar.

Más allá de la disputa entre Margarita Arellanes y Rodrigo Medina por este tema, lo importante es que gane quien gane, los grandes beneficiados serán los ciudadanos, porque si bien no es una solución mágica, incide además en la calidad de la educación.

Para llevar a cabo este programa se necesitarían unas 10 mil unidades que permitan frenar el desequilibrio con los automotores privados, que de acuerdo con los pronósticos de los expertos seguirán creciendo de manera desproporcionada.

Por otra parte, hacer gratuito el transporte escolar impacta positivamente en las finanzas familiares.

Se trata de una asignatura pendiente de los gobiernos, analizada en el pasado, donde todos ganan: los usuarios de las vialidades, los transportistas, pero sobre todo los alumnos y sus padres, al bajar de entrada la deserción escolar.

Si bien la inversión parece cuantiosa, existen los esquemas de financiamiento para hacerla realidad. En Estados Unidos se aplica un incremento en el predial.

Los beneficios son muchos, pero el mayor de todos es elevar la calidad educativa con la asistencia casi obligatoria de nuestros hijos y de paso se evitarán desplazamientos kilométricos. Eso es ganar-ganar.

miguelangel.vargas@milenio.com