En pocas palabras...

El respeto al derecho ajeno...

Por ignorancia o por pura animadversión, los ciudadanos rechazamos todo aquello que implique meternos en cintura. Es por eso que la instalación de videocámaras para regular la velocidad en avenidas del municipio de Guadalupe ha generado polémica.

Las estadísticas en las diferentes ciudades del país donde ya operan desde hace años evidencian una baja en el número de víctimas mortales por exceso de velocidad. Seguramente eso animó al alcalde Francisco Cienfuegos a utilizar esa tecnología.

Sin embargo, también comprendo la molestia de quienes no están de acuerdo con las llamadas fotomultas. Eso lo viví en carne propia cuando recién llegué a la ciudad de Puebla, donde tuve que pagar 3 mil pesos por rebasar los límites de velocidad.

Pero como digo una cosa digo otra. Fue una experiencia que me hizo mejorar como automovilista y como ciudadano. De hecho fue la primera y la única ocasión que desembolsé esa cantidad por ese concepto.

Al igual que las personas resistentes a esas sanciones, al principio fue un proceso de aceptación hasta que aprendí a moderarme. Eso trajo como enseñanza personal 1) el respeto a los límites viales y 2) mi aporte a la disminución de los percances.

En la Ciudad de México ha generado una fricción entre autoridad y ciudadanos, que incluso llegaron a tramitar amparos en contra de la medida. Desde luego que están en su derecho, aunque en el fondo no esté de acuerdo con ellos.

Por supuesto que no estoy a favor de las medidas recaudatorias, por más que las videocámaras parezcan serlo. En este caso concreto se trata de acciones para evitar la pérdida de vidas humanas.

Más aún tratándose de una metrópoli como la nuestra donde circulan casi 2 millones de vehículos, y muchos de ellos sin respetar los límites de velocidad. Ni siquiera le bajan a su acelere en zonas escolares, algo tan elemental desde que aprendemos a manejar, pues se trata de la seguridad de lo más preciado que tenemos: nuestros hijos.

Por qué en lugar de repudiar todo aquello que busque regular nuestra conducta en sociedad, no hacemos un esfuerzo por aplicar en nuestra vida cotidiana aquella frase del benemérito don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

miguelangel.vargas@milenio.com