En pocas palabras...

La reforma electoral: ni azul ni tricolor

Hasta el cierre de edición, como decimos en el argot periodístico, la reforma política de Nuevo León sigue en la cuerda floja. El PAN dice que no dará marcha atrás, mientras el PRI los califica de caprichosos.

El problema es que la sesión de hoy es la última oportunidad para sacar adelante la iniciativa de ley electoral, que en otros estados fue homologada o ajustada a la federal desde hace meses y en casos como San Luis Potosí de última hora, pero ya quedó.

Para los panistas, aprobarla tal y como está redactada sería darse un balazo en el pie o más aún, en la cabeza, pues consideran que la representación proporcional del 1.5% es un tanque de oxígeno para los partidos minoritarios.

El otro tema en discordia es el de las coaliciones o las candidaturas comunes. Ese es el mayor punto de quiebre entre partidos con ideologías opuestas y que históricamente tienen visiones políticas diferentes.

El blanquiazul nace como un partido de oposición, y por ello menosprecia a una chiquillada que, según ellos, nació para ser comparsa priísta. En esa calificación ubica al Partido del Trabajo, al Panal y hasta el mismo PRD.

Aunque tiene sus razones para pensarlo, suena a soberbia de su parte jugar a la política de todo o nada. En estados como Puebla, Sinaloa, Chiapas y Oaxaca, entre otros, ha ganado gracias a su sociedad con los perredistas.

A nivel federal se alió con el gobierno para sacar las reformas energética y de telecomunicaciones, porque de no hacerlo el país habría caído en un abismo económico del cual difícilmente saldría.

Hasta ahora en Nuevo León a nuestros diputados les ha faltado capacidad de diálogo, y eso en nada beneficia a los ciudadanos que tienen un Congreso local polarizado, como si el ambiente de inseguridad y encono que existe fuera poco.

Me atrevo a adelantar que si las cosas siguen como están, no habrá reforma electoral. He tenido la oportunidad de platicar con ambas partes y sus posturas son inflexibles.

Si bien es cierto que los argumentos de uno y otro parecen razonables, también lo es que en una sociedad como la nuestra, construida a base de leyes y consensos, el que no haya puntos de acuerdo puede llevarnos a un caos legal.

miguelangel.vargas@milenio.com