En pocas palabras...

Los políticos y los "new rich"

En la década de los setenta, un mexicano promedio tenía que esforzarse al máximo para comprar una casa en un terreno de 8 metros de frente por 20 de fondo si bien le iba. Ahora ni eso, las nuevas viviendas son minimalistas en toda la extensión de la palabra, es decir, son pequeñas y mal hechas.

En aquel tiempo había trabajadores con aspiraciones y patrones con sentido humano que compensaban los bajos salarios con apoyos económicos extraordinarios cuando la ocasión lo ameritaba. Luego llegaron los profesionistas que fueron creciendo conforme el país necesita de empleados más preparados.

En los últimos años viene floreciendo una nueva clase social, o mejor dicho, una clase política con poder económico proveniente del erario. Se trata de funcionarios y ex funcionarios que pasaron de ocupar un cargo público a tener empresas generalmente ligadas al presupuesto gubernamental.

Forman parte de una clase denominada como nuevos ricos, cuya bonanza muchas veces no corresponde con sus ingresos producto de su desempeño. En tono de broma, pero a la vez muy en serio, he comentado con amigos y colegas que no he visto hasta ahora a un ex funcionario jodido.

A casi todos les alcanza para seguir viviendo al mismo nivel y ya sin estar en la nómina. Quiere decir que sus ahorros fueron considerables o que su paso por la función pública fue bien aprovechado para enriquecerse indebidamente.

A través de los medios de comunicación nos hemos dado cuenta de las propiedades de Jaime Rodríguez Calderón, candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, a quien le sacaron a relucir terrenos y casas en varios municipios.

De igual manera se cuestionó en su momento al panista Felipe de Jesús Cantú, cuando al dejar la alcaldía regiomontana adquirió una propiedad de varios millones de pesos, que según explicó, pagaría con un crédito hipotecario.

En Nuevo León hay más casos como el también ex alcalde Jesús María Elizondo, quien es dueño de un edificio llamado El Colibrí, que en su momento trató de ocultar, pero la investigación periodística de Ricardo Alanís lo sacó a la luz.

O como el gobernador Rodrigo Medina, quien está construyendo una residencia en Las Misiones cuyo valor fluctúa entre los 13 y los 20 millones de pesos. Tampoco es que sea pecado para los políticos hacerse de un patrimonio, lo mal visto por la gente es la procedencia cuando ésta no es del todo clara.

miguelangel.vargas@milenio.com