En pocas palabras...

Mauricio y Jaime, como la yunta de Silao

En Nuevo León podemos presumir que contamos con dos de los políticos más folclóricos del país. Sus acciones y sobre todo su vocabulario rebasan por mucho a los “tradicionalistas” que por respeto o por temor a la opinión pública cuidan sus expresiones.

Alguna ocasión el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, me comentó que estaba sorprendido de la cantidad de barbaridades que hace, pero sobre todo dice Jaime Rodríguez Calderón. “Si cualquier otro las dijera, nos estarían criticando en los medios”, comentó.

Y efectivamente Mauricio y Jaime hablan como si tuvieran calidad moral, cuando están muy lejos de tenerla. Me refiero a su papel como alcalde y gobernador.

Su estrategia de menospreciar el trabajo de los periodistas de nada les sirve, debido al pésimo trabajo que han desarrollado en sus respectivos cargos. Las decisiones que como autoridad toman a diario repercuten en perjuicio de los ciudadanos.

Por ejemplo, Mauricio Fernández puede tener razón en el fondo al recuperar los terrenos del club deportivo Pumas, pero se equivoca en las formas, porque al hacer cumplir la ley en favor del municipio le da en la torre a decenas de jóvenes que a diario se alejaban de los vicios al entrenar en ese espacio.

Igual ocurre con Jaime que mientras anda haciendo campaña en Ramos Arizpe, Coahuila, en su estado matan a policías y secuestran a personas inocentes.

Mientras el munícipe sampetrino se enfrascaba en una pelea legal con familias que durante años usufructuaron esos predios, la seguridad en San Pedro está cada vez peor y prueba de ello es la impunidad con la que asesinaron a los dos oficiales en su patrulla cuando cargaban gasolina.

Si eso sucede con elementos capacitados para enfrentar la delincuencia, ¿qué nos dejan a los ciudadanos? Si ellos con las armas no metieron las manos, los nuevoleoneses menos podríamos defendernos.

Lo más lamentable es que los hechos violentos y el incremento de robos y secuestros exprés parecen no inmutar ni a Mauricio ni a Jaime, que siguen su vida  cotidiana rodeados de decenas de guardias y con lujos. Están como la yunta de Silao: tan malo el azul como el morado.

miguelangel.vargas@milenio.com