En pocas palabras...

...De nuevo a la triste realidad

La cifra de muertes violentas en las últimas horas en Monterrey y su área metropolitana va en aumento, y seguramente seguirá creciendo para cuando termine de escribir este texto. En el fondo, lo más importante es analizar por qué se desató la ola de ejecuciones, si durante 90 días de campaña todo estaba tranquilo.

Tal vez hubo una tregua por parte de los grupos criminales, o estábamos tan ocupados en la otra guerra, la sucia, ésa que embarró a políticos, medios y candidatos de todos los partidos, que ni cuenta nos dábamos que la sociedad nuevoleonesa se debate entre la inseguridad y la corrupción.

Por fortuna las campañas se acabaron, pues de lo contrario hubieran sobrado los oportunistas en las redes sociales que le echarían la culpa al Bronco por el simple hecho de que la masacre de 10 personas fue en el municipio de García, donde hace unos años gobernó.

O los malpensados que responsabilizarían al hoy alcalde electo Mauricio Fernández Garza de los cuerpos que tiraron en San Pedro. Por cierto, el munícipe Ugo Ruiz ya demostró con videos que no fueron asesinados en su municipio, como si eso los exculpara de la responsabilidad.

Sin duda llama la atención de propios y extraños que apenas acabó el proceso electoral y vuelven a suceder hechos de violencia que parecían erradicados de la zona urbana. Parece un mensaje de la delincuencia para ubicarnos de nuevo en la realidad de nuestro Estado.

Nuevo León todavía está inmerso en un ambiente de inseguridad que debería ocupar toda nuestra atención. Se trata de una llamada de alerta para la sociedad regiomontana que podría regresar a los días de incertidumbre y zozobra de hace unos cuatro o cinco años, cuando los enfrentamientos estaban a la orden del día.

El regreso de la violencia debe servir para que ni las autoridades electas o las que están por concluir, bajen la guardia, porque está demostrado que los criminales esperan cualquier relajamiento para tratar de apoderarse de nuestra tranquilidad.

En estos momentos, y mientras sigan en el poder, las autoridades están obligadas a resolver cualquier problema que se les presente. Ninguna excusa vale para los que tienen la responsabilidad de garantizar nuestra seguridad hasta el último día de su mandato.

Como tampoco exculpa a los que van a llegar en unos meses al poder. Más que pensar en la repartición del pastel, deberían analizar lo sucedido en las últimas horas, porque lo más probable es que las cosas se pongan peor todavía.

Los malos ya nunca volverán a ser buenos, y los ciudadanos honestos que dieron un voto de confianza tampoco van a permitir que les roben lo más preciado: la vida de sus seres queridos.

miguelangel.vargas@milenio.com