En pocas palabras...

El fervor y la intransigencia

El caos vehicular previo al festejo guadalupano del pasado 12 de diciembre en el DF era asfixiante. Entre las peregrinaciones y las marchas magisteriales hicieron la vida imposible a los automovilistas que circulan por el área metropolitana.

Por un lado, cientos de miles de fieles acudieron como cada año a la basílica de Guadalupe, provenientes de los estados vecinos, como Puebla, Tlaxcala, Querétaro, Veracruz, Hidalgo y el Estado de México.

Los accesos a la capital del país estaban saturados. Indios Verdes, la calzada Vallejo y la calzada Ignacio Zaragoza recibían a vuelta de rueda a las caravanas de camiones, automóviles y hasta bicicletas.

Aunque causan contratiempos, por lo general los automovilistas son mucho más tolerantes con las muestras de fervor que cada año aumentan, lejos de disminuir. Católicos o no, entienden que también implica un sacrificio.

Tal vez por eso soportaron el tráfico que generaron por los principales accesos a la gran metrópoli, y por donde ingresan miles de automotores diariamente. Además, el mayor razonamiento es que “una vez al año no hace daño”.

En contraparte, los capitalinos y los mexicanos en general, están hartos de los maestros que tienen sitiada la ciudad, pero además dejaron en el abandono a millones de alumnos que en estados como Oaxaca o Veracruz se quedaron sin clases durante meses.

Peor aún, siguen obstruyendo las ventas en decenas de restaurantes y negocios, arrojando pérdidas millonarias, con el respectivo desempleo en una de las épocas más difíciles del año.

Contra eso nadie puede justificar movimientos como el magisterial, que se opone a la modernización y que pretende seguir con las canonjías de hace 50 años, cuando el PRI los utilizaba para ganar elecciones.

Ahora las cosas son diferentes. Los sindicatos estorban y entorpecen la modernización de una nación que necesita con urgencia actualizar ya leyes para salir del estancamiento en el cual se encuentra inmerso.

Por eso nadie se explica por qué tanta complacencia con un grupo como la CNTE, que mantiene en jaque a las autoridades. Ni el gobierno del DF ni la Federación han querido actuar en contra de unos cuantos que afectan la vida de millones de mexicanos.