En pocas palabras...

¿Y el drenaje profundo cuándo?

¡Viene para acá! Así tituló mi compañero y amigo Joel Sampayo Climaco la nota principal donde advertía sobre el posible impacto del huracán Gilberto a la región. Eran otros tiempos, y sin temor a equivocarme, la tragedia que ocurrió tras el paso del devastador meteoro, cambió la cultura de la protección civil en Nuevo León.

El que esto escribe tenía unos meses de haberse incorporado a la redacción de El Diario de Monterrey, ahora MILENIO. Me tocó cubrir las incidencias al amanecer del 19 de septiembre con un río Santa Catarina que durante la madrugada había cobrado la vida de decenas de personas que intentaron cruzarlo.

Además de Joel, hubo otros comunicadores que hicieron mejor su trabajo que los propios funcionarios. El arquitecto Héctor Benavides se pasó muchas horas sin dormir transmitiendo a través de la radio los mensajes y las alertas de quienes lo escuchaban.

Más que los daños a la infraestructura urbana, Gilberto dejó una herida que ni el paso del tiempo ha podido sanar. Fueron errores humanos los que provocaron luto en decenas o cientos de hogares regiomontanos.

En el 2010 ocurrió un nuevo fenómeno meteorológico denominado Alex que se llevó todo a su paso, con un saldo millonario en pérdidas, que por fortuna quedó sólo en eso.

Esto obligó a las autoridades a invertir en obras de largo plazo y con ciertas especificaciones para resistir el embate de las corrientes que genera el Santa Catarina desde su nacimiento en la zona de La Huasteca.

Las intensas lluvias registradas en días pasados provenían de un frente de baja presión del sureste del Golfo de México, que ni siquiera alcanzó nombre y apenas tenía un 10 por ciento de posibilidades para convertirse en ciclón.

Eso fue suficiente para desquiciar la ciudad e inundar pasos a desnivel en toda el área metropolitana, cuyas coladeras estaban tapadas por la basura que nosotros mismos generamos.

Ciertamente llovió mucho, pero el agua corre por el exceso de pavimento y porque los gobiernos de todos los colores han construido puentes y pasos a desnivel por todos lados.

Parece como si les importara más ejercer presupuestos de dónde sacar tajada, que construir obras que no les reditúan políticamente, como un drenaje profundo que solucionaría de fondo el eterno problema de las inundaciones del área metropolitana.

miguelangel.vargas@milenio.com