En pocas palabras...

De dirigentes sindicales a patrones

Sería injusto cuestionar a la administración estatal y echarle la culpa a Rodrigo Medina de un mal que tampoco quiso remediar el panista Fernando Canales cuando tuvo el poder.

Hace más de 30 años en la colonia Josefa Zozaya, donde pasé mis años de niñez y parte de mi juventud, los vecinos que mejor nivel de vida tenían eran los que se dedicaban a prestar el servicio de transporte público.

Se trataba de una familia que había iniciado con las llamadas peseras, y quienes con el paso del tiempo se convirtieron en permisionarios de la ruta 122, para lo cual hicieron el sacrificio de adquirir camiones.

Jacinto, amigo de la infancia, era hijo de un transportista del mismo nombre, que hizo de su oficio de chofer un modo de vida. Igual que él había cientos de cetemistas que salieron adelante en la vida hasta convertirse en pequeños empresarios.

Eso abrió los ojos a líderes sindicales que pasaron luego a ser patrones, al apoderarse de las rutas. Ahora ganan de todas, todas, pues son dueños de las unidades y representantes de los operadores.

Con la complacencia de las autoridades, fueron despojando a los permisionarios de sus concesiones, hasta dejarlos sin unidades y sin permisos. Por eso, lejos de defender a los trabajadores presionaban para obtener mejores tarifas.

Eran los tiempos de los Cuspinera Pérez y los René Álvarez en la CTM, y los Serna Servín en la CROC, que en unos cuantos años pasaron de choferes a líderes obreros y luego a patrones.

Bastaría con revisar a nombre de quién están registradas la mayoría de las concesiones del transporte, para darnos cuenta que aparecen los apellidos de los dirigentes de las centrales obreras como propietarios de las unidades destartaladas que circulan por las calles y avenidas del área metropolitana.

Los gobiernos priistas los utilizaron como mapaches y robaurnas en época electoral, por lo que tuvieron que compensarles y eso les impidió frenar los abusos y la voracidad a la hora de autorizar las tarifas. Ahora los ciudadanos tenemos que pagar las consecuencias.

En otras entidades el costo del pasaje apenas llega a los siete pesos, como el caso de Puebla e Hidalgo, donde el servicio es igual de malo, pero menos caro. Aunque no es un consuelo, al menos los usuarios pagan menos.

Sería injusto cuestionar a la administración estatal y echarle la culpa a Rodrigo Medina de un mal que tampoco quiso remediar el panista Fernando Canales cuando tuvo el poder, pero le faltó la voluntad política para hacerlo.