En pocas palabras...

SNTE: el enemigo está en casa

En la familia de mi esposa abundan los maestros. Es decir, hay un buen número de tíos, primos y hermanos que ejercen desde hace años esa noble profesión, por eso simpatizo con las justas demandas salariales. No así con las manifestaciones que violentan los derechos de terceros.

La mayoría de ellos son gente sencilla y honesta. Llevan una vida acorde a su nivel de ingresos, pero tienen que trabajar todo el día y sufren como todos los mexicanos los vaivenes de la economía.

En Nuevo León la clase magisterial gana para cubrir sus necesidades básicas, aunque tampoco les sobra el dinero para adquirir propiedades millonarias y mucho menos autos de lujo.

Sin embargo, hay un grupo compacto de ex dirigentes de las secciones 21 y 50 del SNTE que sí han aprovechado su paso por el sindicato para resolver su situación económica. Contra esos líderes abusivos que se enriquecen a sus costillas deberían protestar y no salir a las calles a trastocar la ya de por sí complicada vialidad.

Son ellos lo que dan preferencia a sus familiares o a los de sus allegados. También utilizan sus puestos para beneficiar a ciertos proveedores del sindicato y por supuesto a cambio de moches.

Con los dedos de las manos se cuentan los dirigentes honestos que al salir de sus cargos regresan a las aulas. Pocos como la maestra Lucilda Pérez Salazar que en la entidad lleva años denunciando toda clase de abusos.

Y a pesar de eso, el gremio magisterial casi nunca se queja de los delegados o de sus métodos de elección antidemocráticos. Desde siempre el proceso para elegirlos ha sido producto de contubernios, de acuerdos y negociaciones entre grupos que se confabulan a espaldas de la base.

Me gusta que defiendan sus derechos o sus conquistas laborales, pero deberían luchar para cambiar el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Que rechacen a líderes manipuladores que se enriquecen en dos o tres años cuando llegan al poder.

El enemigo lo tienen en casa. No tienen la culpa los padres de familia, ni mucho menos los alumnos. Tampoco los ciudadanos que son afectados cuando salen a bloquear y a lanzar consigas contra quienes se atraviesen en su camino.

miguelangel.vargas@milenio.com