En pocas palabras...

NL y el mando único

El 13 de septiembre de 2011, el gobernador Rodrigo Medina anunciaba la integración del mando único, con lo cual el Estado asumió el control de las Policías municipales. Eran los tiempos de balaceras a plena luz del día y donde los secuestros afectaban a empresarios medianos y chicos.

La decisión de meter orden no sólo se justificaba, sino que era urgente, porque las corporaciones de Policía municipales estaban infiltradas por el crimen organizado. En las calles y avenidas había enfrentamientos a diario, donde los muertos y heridos se contabilizaban por cientos.

En quintas y ranchos del municipio de Juárez se encontraron fosas con decenas de cuerpos en descomposición. A estas fechas todavía hay cientos de cadáveres sin identificar que pasaron a las fosas comunes.

También a diario había plagios y extorsiones. En la mayoría de los casos había uniformados coludidos con delincuentes.

Al anunciar el mando único, el gobernador Medina también habló de un plazo de 30 días para poner en marcha la medida y de un presupuesto para la compra de equipo y capacitación.

Lo anterior fue en el marco de la Alianza por la Seguridad, en presencia del presidente panista Felipe Calderón,

donde participaron alcaldes metropolitanos y mandos de la Séptima Zona Militar.

En ese entonces se hablaba de al menos 500 crímenes violentos por año, cifra que aumentaba en lugar de disminuir. Para los nuevoleoneses eran tiempos complicados, sobre todo porque eran acontecimientos a los que no estábamos acostumbrados.

A la distancia se puede decir que los resultados de la acción del Gobierno Estatal son positivos. Todavía hay hechos violentos, pero son los menos y la percepción es diferente.

La crisis de seguridad por la que Nuevo León atravesó hace más de cuatro años ha pasado. Con esto no quiero decir que el problema acabó, lo que trato de explicar es que el mando único sirvió para salir de esa difícil situación.

Peor hubiera sido que las autoridades estatales se hubieran quedado con los brazos cruzados. Parte de ese mérito es también de la sociedad que en su conjunto apoyó al Gobierno, pero además asumió una postura crítica.

Eso es precisamente lo que necesita el Gobierno Federal, 1) aplicar acciones que se puedan medir y 2) generar confianza, lo cual se dice fácil, pero le costará lo que a la gallina: un huevo.

miguelangel.vargas@milenio.com