En pocas palabras...

Monterrey: pueblo bicicletero

La expresión por sí misma es despectiva. Peor aún, parece ir en contra de lo que las autoridades pretenden para una metrópoli como la nuestra, con grandes avenidas y pasos a desnivel.

No cabe duda, Monterrey y su zona conurbada está planeada muy al estilo gringo, privilegiando a los vehículos sobre los ciudadanos de a pie, o mejor dicho, sobre los de a bicicleta.

Por ello parece fuera de tiempo el llamado del arzobispo Rogelio Cabrera, quien pide a las autoridades que las obras viales sean más integrales, y las hagan pensando también en los peatones.

La única ciclopista pensada como tal fue la que construyeron sobre el lecho del río Santa Catarina, pero las embravecidas del huracán Emily se la llevaron. Aunque en honor a la verdad, estaba subutilizada debido a la inseguridad.

Los alcaldes del PRI y PAN están más preocupados por realizar proyectos que en conjunto suman miles de millones de pesos, de los cuales se dice, reciben su comisión política equivalente a un ventilador, como diría mi amigo Jesús Arreola.

La polémica toma fuerza luego que un conductor ebrio arrollara y diera muerte a un ciclista en la carretera Nacional el pasado 31 de mayo. Monseñor afirmó que se necesitan ciclopistas que fomenten el uso de las bicicletas.

Pero en nuestra ciudad es un inminente peligro ya no digamos el uso de la bici, sino el de las motocicletas o de cualquier otro modo de transporte que no compita en dimensiones.

A diferencia del modelo americano con su ostentosa infraestructura, las ciudades del viejo continente dan su lugar a los vehículos ligeros. En Barcelona, por ejemplo, miles de personas se desplazan a sus centros de trabajo y escuelas en transporte público o en sus motos.

Los reglamentos están hechos para darles preferencia y sobre todo para cuidar su integridad física, cosa que no sucede aquí. Hasta el DF está buscando cambiar con carriles exclusivos.

Desafortunadamente eso no sucede en Monterrey, donde existe una evidente falta de respeto por parte de los conductores. Se requiere que los gobiernos municipales y estatal marquen los lineamientos, pero si los que estamos obligados a cumplirlos hacemos todo lo contrario, como sucedió con el estúpido ebrio que arrolló inocentes, de nada servirá.

miguelangel.vargas@milenio.com