En pocas palabras...

“Mira, Bartola, ahí te dejo esos dos pesos”

Como a la Bartola, cada fin de año el Gobierno Federal nos receta un aumento al salario que ni siquiera llega a los tres pesos. De ahí pagas la renta, el teléfono y la luz, pero también deberá alcanzar para el alza a la tarifa del transporte urbano.

Cada cierre de año, los transportistas del estado insisten en el aumento, como si los trabajadores recibieran en la misma proporción su mejoría salarial.

Por ejemplo, en Jalisco propusieron el alza de 6 a 8 pesos para el transporte urbano; el caso de Hidalgo quedó de seis a siete pesos. Por su parte, en Nuevo León quieren incrementarlo de 10 a 12 pesos y seguramente así quedará.

En el Distrito Federal el servicio del Metro quedó de tres a cinco pesos, pero tuvieron que realizar una consulta, manipulada y todo, pero cubrieron el requisito de preguntarles a los usuarios.

Desde hace algunos años la tarifa no se incrementaba, y hasta eso será diferente para las personas que demuestren estar en condiciones económicas difíciles.

Mientras en el centro del país los aumentos son moderados, en el caso de nuestra entidad la voracidad de los empresarios del transporte no tiene límites ni organismo que lo frene.

Se ha planteado reformar el consejo para incluir a ciudadanos de a pie, lo cual se aceptó sin resultados concretos, por lo que la gente piensa que es una simulación, y que se harán los ajustes necesarios para cubrir el requisito.

El punto es por qué tenemos que pagar dos o tres pesos más, o así fuera un peso, por un servicio de pésima calidad, cuando el sueldo apenas alcanza para medio sobrevivir.

En Nuevo León hay camiones de primera, de segunda y hasta de tercera. Lo más justo sería que en la misma medida se diera el ajuste. Por qué aumentarle igual a un empresario que trae sus unidades en regla, o a otro que no hace por mejorar las condiciones mecánicas.

Desde ese punto de vista es injusto, como ha sido hasta ahora, que los buenos transportistas cobren igual que los malos. Se trata de un criterio sin sustento y basado en una política social que a estas alturas está desfasada.

Ningún ciudadano de Monterrey, o del DF o de Pachuca o Guadalajara se opondría a pagar un poco más siempre y cuando subiera la calidad en esa misma proporción. A la mejor calidad, mayor precio.