En pocas palabras...

¡Liberen a Esperanza Reyes!

Hace poco más de una semana llegué a la central de autobuses de Puebla y quise pagar el taxi con un billete de cien pesos que horas antes me habían dado como cambio en un local de billetes de lotería en la Ciudad de México.

El joven despachador me dijo que era falso y saqué otro de la misma denominación. De inmediato me explicó que lo iba a decomisar, a lo cual me opuse, porque a mi entender eso sólo lo puede hacer una autoridad.

Ante mi insistencia llamó a la Policía, y debido a la terquedad del que esto escribe, finalmente me lo regresaron. Lejos estaba de saber que estuve a punto de correr la misma suerte de la señora Esperanza Reyes Aguillón.

Esta mujer se encuentra en el penal de La Pila, de San Luis Potosí, en espera de que se resuelva un procedimiento de indulto presidencial en su favor.

En 2011, Reyes Aguillón, de 45 años, quien acudió a una papelería a comprar una libreta para su hija, pagó —sin saberlo— con un billete falso de 100 pesos. La detenida fue acusada por el uso de moneda falsificada, delito federal, y fue sentenciada a cinco años de prisión.

Al año siguiente fue internada en el Centro Federal de Readaptación Social Femenil de Tepic, Nayarit, de donde luego la trasladaron al complejo penitenciario de las Islas Marías.

La Barra Mexicana de Abogados, el Colegio de Abogados y la Fundación Barra Mexicana formularon una petición de indulto para el presidente Enrique Peña Nieto, por considerar la sentencia como desmedida, injusta e inequitativa.

El caso de doña Esperanza es una aberración de nuestras leyes y a todas luces una injusticia de las muchas que ocurren en este país, y sobre todo con personas que apenas si pueden defenderse.

Es la muestra más evidente de que la justicia es más torpe que ciega, pues no es posible que encierren a personas inocentes como la señora Reyes, mientras falsificadores y narcotraficantes andan impunemente por la vida.

El billete falso lo conservo porque pienso reclamarle a quien me lo dio, pues lo tengo bien ubicado, y seguramente al igual que doña Esperanza, es una víctima de los delincuentes que circulan con toda libertad por nuestras calles y avenidas.