En pocas palabras...

Hay de protestas a protestas

El martes de la semana pasada viajaba por la autopista de Puebla rumbo a la Ciudad de México, y al llegar a la caseta de San Marcos, justo antes de entrar al Estado de México, una decena de encapuchados, si no es que menos, repartía volantes y dejaba pasar gratis a cientos de automovilistas.

En lo personal, me ahorré 100 pesos, pero ése no es el punto. El que esto escribe, y seguramente muchos de los que pasaron en ese momento, también se preguntaban: ¿Cómo un pequeño grupo de jóvenes inadaptados causaban tal estrago vial y el daño patrimonial al país?

Y no es que tenga fobia a las protestas. Como miles de mexicanos, estoy en contra de la impunidad y los abusos de autoridad, pero también me pongo en los zapatos de millones que padecen los bloqueos o cierres de vialidades.

Cuando las causas son justas cualquiera se suma, pero nunca cuando se trata de un minúsculo, ya no digamos un pequeño grupo de rebeldes sin causa, que sólo buscan sacar provecho.

Lo digo porque ese día nos dejaron pasar y se pusieron a recolectar dinero de los conductores que alcanzamos a pasar a media mañana. ¿Cuál sería el destino de esos recursos? En realidad nadie lo sabe.

Luego entonces no hay claridad del motivo de sus demandas. Esas protestas no tienen una causa social, ni muchos menos una justificación como para que los ciudadanos las apoyemos ni mucho menos para que Gobierno las tolere.

Como ciudadano estoy a favor de manifestaciones legítimas como la de los maestros de Nuevo León, porque toda mi educación, tanto la básica y la profesional, la recibí de profesores para quienes sólo tengo agradecimiento.

Sin embargo, me enojan las expresiones de maestros que rechazan la reforma educativa porque afecta sus canonjías. Y peor aún, con ese pretexto roban, bloquean, incendian y dejan sin clases a millones de niños.

A esos mentores abusivos y a quienes promueven la violencia o afectan a terceros se les debe aplicar la ley. Ya lo dijo el ilustre abogado oaxaqueño don Benito Juárez García: "El respeto a derecho ajeno es la paz".

miguelangel.vargas@milenio.com