En pocas palabras...

Bendito Monterrey; bendito futbol

En esta bendita ciudad el futbol mueve más que a la propia economía. Aunque a muchos antifutboleros les moleste, aquí se vive este deporte de una manera diferente.

La zona metropolitana está completamente polarizada. Hay de dos sopas: Monterrey o Tigres. No hay cabida para ningún otro equipo.

Por ahí encuentras a uno que otro águila o chiva, pero se cuentan con los dedos de las manos. El espíritu de los norteños es así, no existen medias tintas.

El pasado jueves en la ciudad de Pachuca, la capital hidalguense tuve la oportunidad de ir al Juego de Ida. Me tocó platicar con muchos paisanos que por docenas se hospedaban en hoteles.

La derrama económica fue mucho mayor que si los Tuzos hubieran disputado la Final contra el América o cualquier otro equipo capitalino. El comercio local estaba también de fiesta.

La Vuelta igual. Cientos de comercios hicieron su agosto en mayo con las compras de pánico en depósitos, carnicerías y tiendas de conveniencia.

Ya en las afueras del estadio se repetían, por miles, ejemplares de los diferentes medios de comunicación que, por supuesto, también obtuvieron ganancias de la euforia pambolera.

Obligados por esa misma circunstancia, las autoridades municipales y estatales organizaban los operativos de seguridad y vialidad para que todo transcurriera "en santa paz, y vale más" como dice mi amigo Martín Treviño Sosa, por cierto, aficionado Tigre.

Habrá quienes critiquen estos hábitos consumistas de los regiomontanos, pero sobre todo del apasionamiento a veces exacerbado de los que, y en esto me incluyo, vivimos de esa manera el futbol.

Es una lástima que los responsables de la seguridad en Nuevo León no hagan su trabajo como debe ser. Y peor aún en el estado vecino de Tamaulipas, donde los secuestros están a la orden de día y el ejemplo reciente es el del futbolista Alan Pulido, que ojalá pronto recupere lo más preciado que tenemos los seres humanos: la libertad.

miguelangel.vargas@milenio.com