En pocas palabras...

Ayotzinapa: tres deseos

Ayer por la mañana platicaba con mi madre sobre mis abuelos doña Josefa Rivera y don Antonio Arreozola, ambos finados. Le preocupaba que el sepulcro donde descansan los restos de sus padres, en el municipio de Pesquería, no esté terminado del todo.

Por falta de acuerdo con sus hermanos, el terreno y las lápidas siguen a medias, lo cual considera una falta de respeto. Para los mexicanos, nuestros muertos siempre estarán presentes en la medida que los recordemos.

Este domingo leía en Facebook un texto de mi tocayo y amigo Miguel Arritola donde habla del amor y la veneración que tiene por sus padres. Aunque ya no están con él desde hace años, siguen presentes en cada uno de sus actos y en su vida cotidiana.

Coincido ampliamente contigo, mi estimado Negro. En la medida que esas vivencias perduren en nuestra mente, en esa medida los que se nos adelantaron seguirán guiando nuestro destino.

La etapa del duelo lleva todo un proceso que inicia con el dolor de la pérdida, luego viene la resignación y al final la asimilación de lo sucedido para alcanzar la paz espiritual.

Pero cuando ni siquiera sabes si tus seres queridos están vivos o no, ese proceso difícilmente llega a concretarse.

Por eso me solidarizo con el dolor de las familias de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero. Trato de comprender la difícil situación por la que están pasando, pero sobre todo, la angustia que los consume día con día al no saber de ellos.

Lo sucedido en aquella región del sur de nuestro país nos lastima a todos los mexicanos. Se trata de un grupo de jóvenes que tenían aspiraciones, que buscaban salir adelante en la vida a través del estudio para sacar a sus familias de la pobreza.

Es legítimo el reclamo de toda una sociedad que se siente agraviada. Lo que no se vale es que unos cuantos quieran aprovechar la situación para desestabilizar a un país y peor aún, sacar tajada política.

Por eso quiero externar tres deseos: 1) Que los encuentren con vida y pronto. 2) Que castiguen con todo el rigor de la ley a los responsables y 3) Que no caigamos en la tentación de buscar linchamientos políticos que de nada sirven.

miguelangel.vargas@milenio.com