En pocas palabras...

Romero: Explicación no pedida…

El 20 de diciembre del año pasado, una camioneta, que después se supo estaba registrada a nombre del ex diputado federal Jorge Romero impactó a un vehículo compacto en la parte trasera donde viajaban dos niñas. Una de ellas de nombre Azul, falleció a consecuencia de las lesiones tres días después.

La familia Zurita Vázquez sepultó a su pequeña hija el 24 de diciembre, mientras el señor Romero estaba, según él, en Las Vegas disfrutando de unas vacaciones.

Ayer por casualidades del destino, Romero llegó al restaurante El Parador de San Javier a reunirse con el ex secretario de Gobierno, Aurelio Marín. Justo en la mesa de enfrente el que esto escribe vio llegar a un hombre vestido al estilo de “urban cowboy” todo de negro, aunque tardé unos minutos en darme cuenta que se trataba del ex legislador priista.

Se le ve más delgado y algo apresurado. Creo que hasta preocupado por el tema, pues habló por celular con alguien sobre los pormenores del accidente. Se esmeraba en explicarle al interlocutor que no había evidencias de que él o su hija fueran en el vehículo el día de los hechos.

“No hay evidencias de que mi hija o yo íbamos manejando. De hecho ese día me encontraba en Las Vegas. La camioneta la traía mi chofer”, palabras más, palabras menos respondía, mientras le pedía al mesero que le sirviera el desayuno lo más pronto posible.

Luego hizo otra llamada, ahora a su asistente, al cual recriminó por qué no estaba en el lugar. Era evidente que traía prisa e ingirió sus alimentos de dos o tres bocados para salir del restaurante y desaparecer. Como que se dio cuenta que estaba en el lugar y a la hora menos indicados.

Según yo nunca lo había visto, pero luego recordé que en alguna ocasión me lo presentaron en el restaurante Alimentari. Ese día llegó vestido también tipo vaquero. Por cierto ese día era el cumpleaños del hoy secretario de Gobierno, Salvador Elguero y estaba con su familia festejando en otra mesa.

Por lo que alcancé a escuchar, Romero está más preocupado por que las cosas estén bien “amarradas” desde el punto de vista legal, que de solucionar un asunto que, por tratarse de la pérdida de una vida es mucho más delicado que librar el tema judicial.

Ninguna cantidad de dinero, y eso lo ha dejado muy claro el señor Herbert, padre de la pequeña Azul, le devolverá a su hija, pero alguien tiene que asumir la responsabilidad de un hecho tan lamentable.

Tampoco se trata de “quemar en leña verde” a nadie y menos utilizarlo políticamente como de forma indebida lo quieren hacer el PAN y el PRD. Es tan deshonesto sacar raja política, como eludir el problema haciendo gala de influencias.

El señor Romero debe afrontar el caso con valor y dejar de dar explicaciones para exonerarse él o a su familia. Ya lo dice el viejo y conocido refrán: “explicación no pedida, acusación manifiesta”.

miguelangel.vargas@milenio.com