Sin límites

¡Una mujercita muy valiente!

Cuando Marta Angélica Rodríguez Vergara nació tuvo una serie de complicaciones respiratorias, lo que provocó que por un breve tiempo su cerebro no tuviera la oxigenación suficiente y como consecuencia padece de parálisis cerebral.

Hoy, a sus 16 años, cuenta que tuvo una infancia feliz, aunque en su salón de clases nunca faltó el compañero burlesco. “Esos seres humanos están más enfermos que nosotros. No concibo entender cuál es el afán de molestarnos, sin embargo, nosotros poseemos algo que ellos no tienen, y se llama poder interior, de ahí surge la fortaleza inesperada y hacemos muchas hazañas”, opinó la joven que radica en Zapopan.

Martha Angélica compartió que ella vive con la consigna de alcanzar sus metas. “¡La voy a lograr, cueste lo que me cueste! Claro que tengo que estar dispuesta a sacrificar muchas cosas, no dejemos pasar el tiempo como si la vida fuera eterna, cuando no lo es, por ahí se dice que la vida es solo un momento, que es pasajera, este día jamás volverá, por la misma razón me esfuerzo en mis entrenamientos, día a día”.

Aunque todos los días representan un reto para ella, eso no la desmotiva. “Por supuesto en mi vida cotidiana tengo dificultades, tal vez más de las que puedan imaginar, pero no por eso me rindo ni tampoco me desmoralizo, todo lo contrario, me hago la fuerte porque soy fuerte, nadie tiene el derecho de decirme lo contrario, simplemente porque entrego lo mejor de mí día con día y lo vivo con intensidad, porque a decir verdad, no tengo la certeza de que voy a vivir un día más”.

Pensar que cada día puede ser el último le ha ayudado a dar lo mejor cuando compite. “Por eso cuando viajo a competir me traigo medallas, oro, plata y bronce”.

Sobre las personas que pudieran ayudarla, de una forma u otra, pero no lo hacen, señaló: “Pienso que ni ellos se quieren, me ha tocado caerme cerca de personas que no se acomiden a mi auxilio, en cambio otras sí se ofrecen a ayudarme. Andan muchos por ahí que, como los describe Rubén Darío, son muertos vivientes, que es nada más cuestión de tiempo para estar bajo tierra, ¡no, señores! Hay que estar dispuestos a ayudar al prójimo porque de un momento a otro podrías ser tú quien requiera de ayuda”.

Del polémico servicio de transporte público en la entidad, explica que si para las personas “normales” es pésimo, “imagínense para nosotros. Realmente para nosotros es casi fatal, y tampoco a las personas de la tercera edad les dan el tiempo necesario para sujetarse de un punto seguro, ya no digamos tomar un asiento, no estoy acusando a todos pero sí a la gran mayoría, y al igual a los automovilistas ni porque nos ven usando bastones o muletas tienen consideración”.

¡Ayudémonos unos con otros!