En frecuencia

Policías municipales sin cambio

La responsabilidad primaria de la seguridad de los ciudadanos recae en los municipios, pero algo se está haciendo mal que al día de hoy no se ha podido cristalizar el sueño de contar con corporaciones 100 por ciento eficaces, libres de la tentación de verse corrompidas por entes externos que terminan por dar al traste con lo poco que se ha pretendido avanzar.

Hoy le damos a conocer a usted que de 46 municipios que tiene el estado de Guanajuato, en 22 hubo la necesidad de intervenir a los mandos de estas corporaciones sustituyéndolos, en algunos casos, por elementos de las Fuerzas de Seguridad Pública Estatal o en otros como sucedió ayer tomar completamente las corporaciones con la finalidad de realizar un diagnóstico y depurarlas ante el alto grado de sospecha respecto a la descomposición de las corporaciones.

Es fecha que muchos alcaldes, como aquí lo hemos dicho, se han recargado en las autoridades estatales o federales para solicitar el apoyo para hacer frente a los problemas de inseguridad, renunciando a su responsabilidad de contar con policías preparados, capacitados y con ingresos que les permitan una vida digna y mermen la tentación de irse al bando contrario.

Las policías municipales son responsables de contener el primer nivel de la delincuencia que se gesta desde las faltas administrativas, mismas que dejan pasar sin el menor empacho, pues quienes las cometen no ven reflejado en una sanción real la comisión de éstas, eso genera una percepción de impunidad tan grande que permite que los delincuentes empiecen a hacer de las suyas y moverse libremente sin ser molestados por nadie.

El equipamiento de muchas de estas corporaciones deja mucho qué desear, y la apariencia con la que se presentan ante la comunidad deja mucho qué desear, pues muchos de estos elementos salen a las calles en patrullas nuevas pero desvencijadas, uniformes raídos y con armas que tienen el parque contado, mismo que se le descuenta al policía en caso de ser usado.

Seguimos arrastrando lastres, sobre todo en municipios de escasos habitantes, que terminan por desvirtuar la labor del policía y con ello crean el caldo de cultivo ideal para el asentamiento de grupos criminales que se sienten en la entera libertad de llevar a cabo sus fechorías sin ser molestados.

Son comunes las imágenes de cómo los grupos armados se apoderan de estas comunidades pues las corporaciones de seguridad no representan una mínima barrera para evitar que estos actúen. Hay sin duda una dejadez de parte de los presidentes municipales, quienes en muchos casos prefieren cerrar los ojos y hacer como que no pasa nada. No faltan los mandos impuestos por el capo del pueblo, o las órdenes directas de éstos para que no intervengan, todo sigue siendo real, y pocos se han fajado para evitar que suceda.

Hoy se busca que con la presencia de grupos coordinados de vigilancia en los que participan las fuerzas federales de seguridad y la policía estatal se inhiba precisamente esa libertad con la que los criminales se mueven en esto municipios.

Pero volvemos a la misma, hasta cuándo contaremos con corporaciones confiables, pues la idea de sacar al Ejército a las calles hace 10 años fue precisamente para tomar el control de la seguridad en lo que se limpiaban las policías, a una década de distancia poco ha cambiado y no se ve en el corto plazo que las cosas vayan a mejorar.

miguel.puertolas@milenio.com