En frecuencia

Poderes cómplices

Se supone que la división de poderes tiene su origen en la intención de que haya un equilibrio, evitar los abusos de gobernantes, hacer leyes y vigilar que estas se cumplan, además de impartir y administrar la justicia, sin que toda esta responsabilidad caiga en uno solo.

Pero desafortunadamente en nuestro país no sucede así y de nuevo las complicidades son mayores entre los poderes que termina desdibujándose el espíritu original de la separación de poderes. No es extraño ver cómo el Poder Ejecutivo mete mano en el Poder Legislativo mediante el amago por ejemplo de terminar con la carrera del político que se atreva a contravenir una decisión del primero. Sucede también con el Poder Judicial. Por ejemplo el hecho de que éste no cuente con autonomía presupuestaria y quede supeditado al presupuesto que se dicte desde el Ejecutivo tendrá que responder a los intereses de éste.

Pero no es lo único que une en complicidad a los tres poderes. El reparto de asientos entre los partidos políticos en el poder termina por ceder espacios dentro de estos tres poderes, no a los más calificados, sino a quien haya quedado bien con el grupo político al que le toca el espacio vacante.

Nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza de no ser porque en México siguen imperando los compadrazgos o los personajes con conflicto de interés en cargos estratégicos a quienes técnicamente se les encarga el changarro para evitar ser pillados en tropelías.

Ejemplo lamentable es el que vivimos en Jalisco con la salida del ex magistrado y ex presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Luis Carlos Vega Pámanes, quien difícilmente se quitó la imagen de policía, cargo que ocupó como jefe en Puerto Vallarta y que tuvo un salto meteórico que lo llevó a alcanzar el poder que tuvo hasta hace pocos días.

Vega, era afín al grupo del Partido Revolucionario Institucional, y llegó al cargo de magistrado apoyado por los diputados priistas de la legislatura en la que fue electo. Después como parte de la rotación en la presidencia del Poder Judicial llegó a encabezar este pode. A todas luces ni era el mejor en el cargo, ni la persona idónea para ocuparlo, pero qué pasó que llegó hasta ahí no por una autonomía real del Poder Judicial sino por la convalidación de los políticos en este estado.

Mientras sigan repartiéndose los grupos de poder las posiciones en los tres poderes nunca habrá una verdadera autonomía y al final en lugar de actuar en conjunto de manera armoniosa terminará siempre un poder supeditado a otro. Urge una verdadera separación de poderes que en México no existe, tal vez en el papel pero en la realidad las lagunas legales permiten un sistema corrupto en la que no hay fronteras entre el Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

@miguelpuertolas