En frecuencia

Mota y mochos

Sorprende, sobremanera, la forma en la que algunos tergiversan el tema de la legalización del consumo de la mariguana, hecho que erizó la piel de ciertos sectores, y enrojeció los rostros de otros. Hay que entender que el fallo dado esta semana por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tiene algunas vertientes más allá de lo que este grupo de ciudadanos consiguió, como es el ser favorecidos con un amparo para poder sembrar portar y consumir libremente la mítica hierba, pese a que no caen en ninguno de los supuestos.

El primero que me gustaría destacar es que en conciencia los ministros, es decir la totalidad de ellos y no solo los cuatro que votaron a favor de la protección a la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante, dieron muestra de ser los primeros interesados en velar por la protección de las garantías constitucionales individuales; pues incluso Jorge Mario Pardo Rebolledo, quien votó en contra, fue sólo porque una de las aristas del proyecto de Arturo Zaldívar dejaba en el aire la compra de la semilla para sembrar el enervante, lo cual podría contravenir la ley.

En segundo lugar, apreciamos una Corte lejos de ceñirse de los designios del Poder Ejecutivo Federal, sobre todo en un tema en el que la política prohibicionista del uso de drogas impuesta en el mundo por los Estados Unidos es la línea a seguir, y eso lo demostraron en la conferencia de prensa que dieron los representantes de la Presidencia, el mismo día en que se dio la resolución de la Suprema Corte de Justicia, en donde las explicaciones más que aclarar dudas parecían una clase de derecho dictada a aspirantes a doctorado. Ello viene a dar luz sobre la actuación independiente de los fallos de la Corte.

En consecuencia, fuimos testigos de que la sociedad organizada, sin violencia, sin marchas, y con actos inteligentes como el camino legal seguido por Josefina Ricaño Nava, Armando Santacruz González, José Pablo Girault Ruiz y Juan Francisco Torres Landa, todos ellos personajes de reconocida trayectoria e incluso víctimas de delincuentes, lograron un cambio radical en el paradigma que ha significado la guerra contra el narcotráfico.

Legalizar la mariguana no significa debilitar al crimen organizado, mucho menos fomentar el consumo, se trata de descriminalizar a los consumidores, evitar que adictos entren a los penales por las ganas de las procuradurías de decir que se está haciendo algo contra el crimen, mientras que los verdaderos criminales siguen en las calles.