En frecuencia

Ecuación perversa

Una fórmula que está resultando nefasta para nuestro país es la que aquí le presento: transparencia + impunidad = corrupción. Y es que en México podemos presumir que somos muy transparentes, en el estado de Jalisco se puede presumir que avanzamos hacia un gobierno abierto y transparente, pero de poco sirve cuando al momento en que se develan, gracias a la transparencia, actos ilícitos como uso indebido de recursos, nada sucede y a nadie se castiga.

Le pongo el ejemplo más contundente. Hace tiempo los diputados locales tenían un presupuesto de 90 millones de pesos para las casas de enlace. Gracias a un ejercicio de transparencia se supo que ese dinero era gastado a manera de sobresueldo por los legisladores; con la compra de golosinas, tampones, botas, gasolina y otras cosas absurdas pretendieron justificar el gasto. Al ser descubierto renegaron, pero terminaron por desaparecer la partida y el dinero que cobraron, pues nunca cumplieron con comprobar el gasto, eso es un robo y a nadie se castigó. Transparencia + impunidad = corrupción.

De nada sirve la transparencia si en éste país no se castigan los actos de corrupción, a menos claro que haya un enemigo declarado del sistema, a mis enemigos la ley, a mis amigos justicia. Prueba de que las cosas así funcionan en México, fue el resultado del estudio sobre la percepción de la corrupción elaborado por Transparencia Internacional que coloca a nuestro país como el más corrupto de los que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Hace unos días platiqué con Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana, institución que ya prepara el reporte sobre victimización de la corrupción, un informe interesante en el que ahora no solo se plantea cómo percibimos los ciudadanos la corrupción en el país, sino que además conoceremos el nivel en el que los ciudadanos caemos víctimas de la corrupción.

Los más afectados por los actos de corrupción, según Transparencia Mexicana, son los más pobres, hogares con ingresos de menos de un salario mínimo, que invierte el 30% de sus ingresos en sobornos para acceder a ciertos trámites o servicios. Por ejemplo los 100 pesos que le da a un agente de tránsito representan un día de salario y para otros con más ingreso puede representar menos del 5 %.

Pero además terminamos doblemente afectados como sociedad, pues la corrupción nos cuesta por el acto mismo de corromper, y porque eso termina por encarecer servicios y obras que al no estar sujetos a una posible sanción terminan siendo caros y malos. 

twitter @miguelpuertolas