Bambi vs. Godzilla

El maestro del dinero ('Money Monster'. EU 2016)

Hollywood sigue concientizándonos sobre el funcionamiento turbio de Wall Street de forma sexy y didáctica, ya sea poniéndonos a Zachary Quinto y Demi Moore mirando gráficas y hojas de cálculo con cara consternada en Margin Call, de J.C. Chandor; o a Margot Robbie en un baño de burbujas en The Big Short, de Adam McKay. La última en tomarle el pulso cinematográfico al fenómeno financiero es Jodie Foster. Esta vez se queda detrás de la cámara para dirigir a dos de las más grandes estrellas de cine en El Maestro del dinero. Mucha catársis, poca propuesta y un ejemplo de cómo mal guión y buena dirección pueden convivir sin catástrofes.

George Clooney interpreta a Lee Gates, el conductor de un programa de televisión llamado Money Monster en el que especula y predice el comportamiento de la bolsa de valores de Nueva York. Luego de recomendar la compra de acciones de una compañía de tecnología que de la noche a la mañana pierde su valor, un televidente que siguió su consejo, se infiltra en el canal de televisión para tomar como rehenes a Gates, a su equipo y a su productora Patty Fenn (Julia Roberts) durante la transmisión en vivo. En tiempo real, Gates y Fenn deben encontrar la forma de mantenerse vivos sin dejar de transmitir lo que se ha convertido en la noticia del momento.

Argumento, tono, situaciones, diálogos, lenguaje visual, por donde se le mire, El Maestro del Dinero es una fantasía de venganza en la que el delincuente de cuello blanco es expuesto y castigado en favor del 99% afectado en la crisis económica global. Sólo bajo esa consigna se justifican las condiciones de su premisa. Por ejemplo: el programa chocarrero de Lee Gates, que en el mundo real ninguna televisora produciría y, mucho menos, transmitiría en vivo. O los antecedentes que motivan al villano a tomar rehenes en la televisora.

La falta de colmillos, complejidad y matices en esta protesta contra el sistema salta a la vista en los primeros minutos. Tan pronto vemos a Clooney bailar con edecanes, la pena ajena nos invade y nos preguntamos si estamos frente a una sátira o una humilde parodia. Lo que nos recuerda que estamos en una película seria e intencionada es la concentración de Jodie Foster al usar la cámara. Nos transmite la sensación de alto riesgo en la que se encuentran los personajes. Al establecer, al orientar, al acentuar y al despejar la acción, El Maestro del dinero funciona mejor. Foster sostiene esta inmersión en el nerviosismo y la tensión hasta la llegada de los créditos, pero lo que hace de esta cinta una recomendación a secas y no una obligatoria es la conducta antinatural de sus personajes. Una epidemia de corrección moral ataca Nueva York y aquí tenemos a todos los infectados.

Clooney va de patán a redentor y ambas facetas son caricaturas. Como el causante de la crisis de rehenes, Jack O'Connell va difuminándose en segundo plano hasta perder todo el foco dramático. La más absurda de todos es Catriona Balfe, como la directora de relaciones públicas de la firma financiera en llamas. Esta mujer, súbitamente, obliga a los rufianes de la bolsa de valores a hacerse un examen de conciencia.

El maestro del dinero es dirigida por dos mujeres. Detrás de cámara, Jodie Foster y a cuadro, Julia Roberts. Como la productora del programa que acaba de ser tomado por un terrorista, Roberts se luce marcando el ritmo. Su único defecto es esa aura angelical, maternal que da a Patty Fen y que suaviza la imagen de un medio cuya ética también pudo cuestionarse: la televisión. Aunque Clooney está aquí para ser la cara desvergonzada y cruel de la pantalla chica, el personaje que en realidad es puesto a prueba moral y emocionalmente es el de Roberts. En el sensacionalismo de la televisión, los autores intelectuales son los productores, no los conductores.

Al no consumarse como thriller, drama o sátira, El Maestro del dinero nos consuela solidarizándose emocionalmente con la clase media.

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