Bambi vs. Godzilla

En "Madre!", Aronofsky nos lleva lejos, pero a ningún lado

Los espectadores de Madre! podemos organizar dos filas, por favor: una para quienes la aman, otra para quienes la detestan. Así de polarizante es la última cinta de Darren Aronofsky. En cualquiera otra ocasión afirmaría que dividir opiniones y generar debate es la mejor carta de recomendación que puede ostentar una película. Esta vez me voy a formar con los haters. Con permiso.

Todo comienza en una casa en medio del campo (una casa octagonal, por si el dato sirve a quienes están buscando significados) en la que observamos la vida de una pareja. Ella (Jennifer Lawrence), a quien los créditos finales de la cinta designan como “madre”, es un ama de casa consagrada a restaurar el hogar en el que hubo un incendio. Él (Javier Bardem) es un poeta ensimismado que no consigue escribir su siguiente obra. Repentinamente, un hombre desconocido (Ed Harris) toca a su puerta para pedir asilo. Él decide dejarlo entrar. Madre está intranquila, y su ansiedad escala cuando vemos llegar a la esposa del huésped incómodo (Michelle Pfeiffer) y ambos demuestran sentirse “demasiado en casa”, causando tensión, accidentes y caos que van magnificándose a niveles de pesadilla ante la bondad e indulgencia de Madre. La actuación de Jennifer Lawrence hace navegable todo este caos y ciertas elecciones técnicas de Aronofsky (el diseño sonoro que acentúa los ruidos domésticos y el perpetuo close up en la protagonista que nos contagia ansiedad) hacen que funcione como pieza visceral, no reflexiva.

El mismo inconveniente que tuve con la anterior cinta de Aronofsky, la exitosa El cisne negro, es el que tengo con Madre!: una vez que muestra sus metáforas, se dedica únicamente a repetirlas, aumentando su ritmo, intensidad; resultando en 99% alegoría y 1% historia, estructura narrativa y desarrollo de personajes.

En este 99% de alegoría hay dedicatorias para todos, no importa qué lectura le demos. En el nivel más literal, cualquier espectador que esté pagando la remodelación de su casa la encontrará concientizadora, quienes han fingido bostezos cuando las visitas no se quieren ir de su casa le darán cinco estrellas en automático; habrá quien ponga atención a la relación creador-musa y cómo el egoísmo nutre la expresión creativa, habrá quién exalte el mensaje de cómo la humanidad maltrata al planeta, los entusiastas de la teología y/o la religión verán de inmediato cómo cada personaje es un símil de las figuras bíblicas (Dios, Adán, Eva, Caín, Abel), y los pragmáticos pensarán que Madre! representa la vida del mismo Aronofksy: artista obsesionado con su trabajo quien, de hecho, es pareja en la vida real de su musa-actriz, a quien le escribió un guión que la simplifica y explota a cambio de reconocimiento. Y ella, tal como su personaje –toda bondad, toda indulgencia– no solo le aceptó el personaje, ¡aceptó ser su novia! Por supuesto que mi última observación es excesiva pero, a falta de historia en la cual adentrarme, tuve tiempo suficiente para hacer mi teoría. Al darle cabida a tantas interpretaciones, Madre! pasaría por universal y fascinante, de no ser porque es forzada, obvia y demasiado consciente de su mensaje.

El humano es egoísta y la madre naturaleza es abusada. ¿Por qué hacer alegorías de conceptos que no son abstractos?, ¿es visionario simbolizarlos en la imagen más recurrente en la ficción y la realidad actuales: una mujer castigada física y psicológicamente?

Proponer e identificar estas ideas es tan estimulante como detectar un cameo de Stan Lee en las películas de Marvel.

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