Bambi vs. Godzilla

"La Llegada" es la mejor ciencia ficción en décadas

En el cine de Hollywood, los encuentros entre humanos y aliens son, más bien, desencuentros.

La Casa Blanca explota, una epidemia acaba con media población de la Tierra, una criatura le sale por el estómago a un astronauta, una científica queda embarazada, alguien se queda olvidado en otro planeta. Este choque entre especies, generalmente violento y frustrante, es elevado a su forma más seria, elocuente y conmovedora en La Llegada, de Denis Villeneuve.

Cuando doce naves extraterrestres se posan sobre distintas coordenadas de la Tierra sin intenciones claras, las potencias del mundo comienzan a movilizar a especialistas que expliquen lo que está pasando. Estados Unidos recluta a Louis Banks (Amy Adams), una experta en lenguaje a la que enviará hasta las entrañas de una de las naves con forma ovalada para comunicarse con los alienígenas y descifrar si tienen algún mensaje para la raza humana. Siendo este territorio norteamericano, todos esperan lo peor. Una guerra, un altercado, una invasión. Como lingüista y estudiosa de la comunicación humana, Louise está allí para exhortar a militares y gobierno a que, antes de tomar acciones bélicas, se entable un diálogo con los recién llegados. Será una misión de numerosos intentos en la que trabajará con el matemático Ian Donnelly (Jeremy Renner). Justo en este momento decisivo, un evento trágico de la vida personal de Louise empezará a ocupar su pensamiento y concentración. Es obvio que esta misión cambiará para siempre las vidas de Ian y Louise. Lo que no imaginan es cómo.

Aunque se habla mucho de su profundidad, La Llegada no es lo que se conoce como ciencia ficción dura, la que narra con exactitud científica y técnica. Sin adentrarse en terminología, tecnicismos y teoremas, Villeneuve visualiza cómo sería un encuentro con otras formas de vida en el que domina el conocimiento y no la fobia, la humildad y no la paranoia. En los primeros dos actos, el canadiense hace algo muy atrevido: nos pide ser pacientes y observar el proceso de Louise. En este riesgo de contar menos para expresar más, Amy Adams es fundamental. Ella siempre está bien, ella siempre está en cintas importantes y con directores influyentes. Este protagónico, sin embargo, marca un crecimiento en su carrera. Su actuación es inseparable del mensaje que da la película. Y el mensaje es universal.

Pareciera que lo que más distingue a La Llegada es el factor emocional en la subtrama del personaje de Adams. Es verdad; hay más sentimientos que en cualquier otra obra sci fi, pero son completamente necesarios para entender la transformación de su protagonista.

Sentimientos aparte, aquí hay temas que se abordan con precisión asombrosa. El planteamiento del viaje en el tiempo que Christopher Nolan hizo en Interstellar, la dinámica del contacto extraterrestre que Robert Zemeckis intentó en Contact, incluso la dolorosa psicología de la heroína que vence el miedo apoyándose en el recuerdo de un trauma personal que Alfonso Cuarón capturó en Gravity.

Minutos antes de terminar de ver La Llegada yo era un total escéptico de su estatus como una de las grandes películas del 2016. La única tensión que sentía era la de pensar que la película terminaría sin darnos un momento brillante. Y luego, casi al final, llegó una revelación que no sólo compensó el tiempo que pasé dudando de su valor: me hizo reapreciarla por completo, y me dejó en un asombro psicoemocional en el que, como crítico de cine, quisiera quedarme a vivir. Sin manipular al espectador, ni jugar con su percepción, el secreto de esta cinta está todo el tiempo frente a nuestros ojos y, a la vez, se mantiene a salvo porque, como espectadores, somos parte del fenómeno de comunicación que retrata.

Lo que sigue para Denis Villeneuve es filmar la secuela de Blade Runner. Suena titánico, pero él ya hizo la mejor película de ciencia ficción en décadas. Es ésta.

@amaxnopoder