Bambi vs. Godzilla

Esto también es cine francés

Qué buenos eran aquellos tiempos en los que Luc Besson declaraba que se iba a retirar luego de hacer su décima película. Todo resultó ser una leyenda urbana y el realizador francés, cuyas películas son icónicas en el sentido de que producen buenos disfraces de Halloween, continúa filmando sin consistencia ni evolución.

Su más reciente película, Lucy, es lo más cerca que Besson ha estado de la relevancia en la cultura pop en años, basándonos en los dos grandes indicios de la industria del blockbuster: fue competitiva en taquilla y hubo pláticas para hacer una secuela, misma que Besson ya aclaró que no se va a hacer.

Lucy (Scarlett Johansson) es una chica a la que su novio involucra como mula en una operación de tráfico de drogas. Debe contrabandear una nueva y potente droga sintética que lleva en una bolsa escondida quirúrgicamente en su abdomen. Cuando la bolsa que lleva en el cuerpo se rompe a consecuencia de un golpe, la droga se filtra en su organismo y, en vez de provocarle la muerte, tiene un efecto opuesto. Su cuerpo y mente cobran capacidades sobrehumanas. Lucy irá en busca de un académico que estudia justo lo que a ella le está ocurriendo: su cerebro está siendo utilizado a un porcentaje superior al del humano promedio. Y va en crecimiento.

El anzuelo para la audiencia erudita o curiosa de temas científicos es la persistente teoría del cerebro humano subutilizado (que es cuestión de una rápida búsqueda en Google para ser descartada.) Esta premisa de tintes científicos consiste en un 1 por ciento del argumento de la película. El 99 por ciento restante es despliegue de súper poderes, planes de venganza y secuencias de acción de ejecución penosa. Lucy sería menos absurda y creíble si, en vez de usar el mito del potencial del cerebro, fuera una historia de superhéroes. Aunque usted no lo crea, esto también es el cine francés.

 

“Si decido quedarme” (“If I Stay”. EU. 2014). Dirección: Jamie Blackley. Elenco: Chloë Grace Moretz, Mireille Enos, Jamie Blackley.

¿Recuerdan la clásica escena del moribundo que ve la luz al final del túnel y sale de su cuerpo para verse a sí mismo y sus seres queridos en la incertidumbre de ir hacia la luz o quedarse en el plano terrenal? A alguien se le ocurrió hacer libro y película acerca de este momento.

En un papel que le da un descanso de la intensa racha de roles oscuros y subversivos en cintas como Let me in, Carrie o Kick Ass, Chloë Grace Moretz interpreta a Mia Hall, una entusiasta del violonchelo que enfrenta el dilema entre estudiar música en Julliard (una de las escuelas artísticas más importantes a nivel mundial) o procurar la relación con Adam, el vocalista de una banda de rock con quien ha iniciado un noviazgo. La verdadera encrucijada de Mia ocurre cuando un paseo familiar termina en un trágico accidente automovilístico que la deja en coma. En lo que se conoce como una experiencia extracorporal, Mia es capaz de observarse a sí misma fuera de su cama de hospital, así como a sus familiares y amigos, recopilando razones para decidir si permanecer viva o ir hacia la luz blanca al final del túnel.

Puntos a favor para esta cinta por el manejo —si se puede decir— agnóstico de su premisa: para quienes no concuerdan con la idea de una protagonista que hace un viaje astral, Si decido quedarme nunca exalta religión o espiritualidad. No habla de Dios o de creencias. Simplemente aprovecha esa idea del más allá y el desdoblamiento corporal como recurso narrativo.

Lo que nos ahorra en dogma, nos lo cobra en cursilería. Moretz y Blackley son adorables, por separado. Y a su alrededor la manipulación de emociones se da un mano a mano con la mediocre realización. La película de Moretz vs los diálogos cliché, el evidente croma en escenas de exteriores vs los flashbacks al romance. En el verano en que hubo fuerte expectativa por las adaptaciones de novelas del género young adult, Si decido quedarme es el polo opuesto al acierto de actuaciones, dirección y producción que fue Bajo la misma estrella.

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Dulcería

 

La morgue de Disney

Así se llamó durante mucho tiempo la biblioteca de investigación en animación de Disney. Antes de 1989, este acervo era conocido así para referirse a documentos que ya no eran utilizados en la división de animación de The Walt Disney Company. El dato más fascinante de este lugar es que todos sus visitantes aceptan la condición de nunca mencionar su ubicación geográfica, al igual que tampoco describir nada de lo que vieron por fuera y por dentro.

Link: http://bit.ly/1wKQDae

 

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Cuadro por cuadro

 

Esta semana escribí bajo la influencia de...

 

El vértigo que me producen los intempestivos cambios de fechas en la temporada de premios: los Emmy en lunes, el festival de Venecia en agosto (en lugar de septiembre) y qué decir de los estrenos en cartelera nacional, algunos en jueves y otros en viernes.

 

La tristeza de saber que la gente ya no lee. No en el sentido romántico, sino en el sentido práctico. Antes, decir “la gente ya no lee” se refería a que la gente ya no leía literatura. Hoy, decir “la gente ya no lee” es decir que ya no lee nada. Ni correos electrónicos, ni mensajes de texto, ni whatsapps. No lee nada.

 

Hombres fuera de serie, de Brett Martin: un análisis de los personajes masculinos preponderantes en la nueva era de oro de la televisión norteamericana: http://bit.ly/1mO1M4B

 

Descubrir que existe Internet Movie Firearms Database: http://bit.ly/1aiU63h

 

Somebody, la aplicación de mensajería diseñada por Miranda July en mancuerna con Miuccia Prada: http://bit.ly/1tIwwFT

 

El misterioso trailer de la comedia romántica The One I love: http://vimeo.com/101744534

 

twitter.com/macsimiliano