Bambi vs. Godzilla

Operación Escobar

La historia del narcotráfico en Latinoamérica es una tendencia cinematográfica que no parece tener un declive cercano.

La última gran cinta sobre el tema fue Sicario, de Denis Villeneuve y la próxima podría ser Escobar, en la que el respetable Fernando León de Aranoa dirigirá a Javier Bardem en el rol del narco colombiano. Mientras tanto, ocupémonos de los ejemplos menores de este subgénero, como Operación Escobar. Este fin de semana llega a cartelera.

En un rol protagónico aún ligado a su trabajo magistral en Breaking Bad, Bryan Cranston interpreta al agente especial Robert Mazur, quien durante los años ochenta logró codearse y hacer amistad con operadores de Pablo Escobar a los que les ofreció lavar su dinero. Para mantener esta fachada, Mazur también se reunió con los altos mandos bancarios de los que obtuvo información sobre las prácticas con las que facilitaban a los líderes de los cárteles mantener sus fortunas.

Es gracias a que la vida delictiva de Escobar y su persecución judicial están plagadas de las anécdotas más inverosímiles que el boom del cine sobre narcos es longevo. Esta, la cuarta película del director Brad Furman, gira en torno a una de esas leyendas, corroborada en el libro que el mismo Robert Manzur escribió al respecto. Conforme la trama avanza y llega al desenlace nos daremos cuenta que valía la pena narrar la operación que lideró Manzur, pero llegar a ese momento en el que decimos: “Claro, esto tenía que ser una película” toma más tiempo de preparación del que estamos dispuestos a conceder como espectadores.

Esta incapacidad de hacernos sentir lo importante y delicada que es la misión del protagonista es culpa compartida entre guionista, director y elenco. La historia es clara al mostrarnos que el personaje de Cranston se dedica a infiltrarse en redes criminales para capturar cabecillas. Lo que no consigue es aumentar la tensión conforme más nos adentramos al círculo cercano a Escobar. Al menos no durante toda su primera hora de dos horas de duración. Furman cuenta los hechos y despliega la acción en escenas bastante típicas, demasiado familiares para volvernos a causar impacto, después de haberlas visto en decenas de series y películas. El sentido de peligro y riesgo que debería intoxicarnos está ausente casi hasta el tercer acto, cuando sabemos el escenario en que concluirá la misión en la que pretenden capturar a media hampa colombiana.

En el reparto, una buena cantidad de caras conocidas desfila sin dejar marca. John Leguizamo dentro de su eterno rango como hispano ambivalente, Diane Kruger como la mancuerna policiaca de Cranston que entra demasiado avanzada la trama. Mientras Kruger no entra a cuadro, la contraparte femenina es el personaje de su esposa Evelyn (Juliet Aubrey), un rol que sirve para explicar que Mazur es padre de familia, pero que no llega a ser tridimensional.

Deja vú sin carisma o carácter de los estilos de Steven Soderbergh en Traffic y Ridley Scott en American Gangster, Operación Escobar exalta en vano la mitología del narco. Es una cinta sobre jugarse la vida que produce poca adrenalina.

@amaxnopoder